Ulises en el Nuevo Mundo: el parto de Venezuela
En el viaje que le lleva hasta Tierra Firme el 1° de agosto de 1498, el tercero con destino hacia las Indias, reconociendo un continente que le ofrece como primera puerta a Trinidad de Barlovento –por los tres montes que avista en esta isla que piensa es ya parte de la masa continental– antes y luego de poner su pie en Venezuela, en esa extraña travesía que realiza luego de superar la angustia que le causan a él y los suyos la previa parálisis de su nave en el mar océano, Colón conoce de un choque agonal e inédito.
Ocurre al tocar las puertas de la que será Venezuela, recreando en sí y en su aventura lo mitológico.
En la boca del Dragón o de Drago, como la bautiza, en una suerte de lucha de contrarios como la que luego da movimiento a la historia que comienza a escribirse a partir de ese instante, vive Colón el encuentro entre las aguas dulces y encrespadas del río Orinoco y la salinidad del océano Atlántico.
Presencia un espectáculo en el que casi se va a fondo su legendaria expedición.
Repite la trama de la Odisea, pues en la antigüedad griega se cree que dos monstruos marinos, Sila y Caribdis, amenazan de lado y lado a Ulises cuando atraviesa un estrecho canal de aguas furiosas –hoy se dice que es el estrecho de Messina que separa la Sicilia de la Calabria– y busca evitar que aquella, con sus seis cabezas cada una y sus tres filas de dientes y un vientre de cabezas de perros que ladran, se lo engullan, o que esta con su torbellino le succione hacia los abismos como lo hace con el agua tres veces al día.
“Allí habita Escila.
Sus gritos te llenarán de espanto; su voz resuena como el rugido de un león salvaje y enfurecido.
Tres veces Caribdis sorbe las aguas oscuras y tres veces las vomita con estruendo. ¡Que los dioses te libren de caer en sus fauces aterradoras! No te detengas allí, no intentes combatir lo invencible: tu única salvación es la huida.
Huye, pues, e invoca a Crataís, la madre de Escila; que ella contenga a su hija y evite que vuelva a lanzarse sobre ti…”, reza el poema homérico en adaptación lírica.
Después de este verdadero choque, que sucede al encuentro anterior entre los dos mundos, y semeja también al ocurrido el 4 de julio de 2012 dentro del Gran Colisionador de Electrones y Positrones que se extiende sobre 27 km en la frontera francosuiza, dando lugar a la denominada “partícula de Dios”, el descubridor genovés supera la Boca de la Sierpe.
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