El último monopolio en Venezuela: Estado, dinero y libertad económica Por David Morán Bohórquez
Libertad económica, señales de precio y la física de la escasez desde la experiencia venezolana: de la apertura petrolera a la competencia monetaria, de Hayek a Bitcoin Venezuela necesita una nueva apertura económica.
Cuando hablamos de apertura solemos pensar en una lista conocida: abrir el petróleo, la electricidad, las telecomunicaciones, la inversión y los mercados.
Todo eso es necesario.
Pero la lista omite la apertura más profunda de todas, porque toca cada transacción del país: la apertura monetaria.
La tesis de este ensayo es sencilla.
No propongo sustituir el bolívar por el dólar, por el oro ni por Bitcoin.
Propongo permitir la competencia monetaria: que cada ciudadano pueda elegir en qué moneda contrata, cobra, paga y ahorra, y que sean los usuarios, y no un decreto, quienes decidan qué alternativas sobreviven.
Eso no significa eliminar al Estado.
Una Venezuela reconstruida necesitaría reglas claras de transparencia, protección al consumidor, prevención del fraude y estabilidad financiera, y el Estado conservaría esas funciones esenciales.
Lo que perdería es el poder de obligarnos a usar un dinero determinado.
A cambio, el ciudadano ganaría una libertad que hoy no tiene: elegir cómo realiza sus transacciones y cómo preserva el fruto de su trabajo.
Esa propuesta choca con una convicción muy arraigada.
En el debate económico contemporáneo —y de manera muy particular en escenarios de alta inestabilidad macroeconómica como el venezolano— persiste una defensa soterrada o explícita del monopolio estatal sobre la moneda.
Sin embargo, desde una perspectiva estrictamente funcional e ingenieril, la moneda no es un símbolo patrio ni una abstracción jurídica: el dinero es la infraestructura básica sobre la cual transita el intercambio económico .
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