Luis Barragán: Espectros de una realidad política que ya cambió
Los hechos políticos nos remiten a acontecimientos, conductas, decisiones o relaciones concretas de poder que se imponen como realidades inmediatamente perceptibles y difícilmente modificables.
Ejercen una irresistible influencia a veces intimidante o perturbadora en la población y en el ámbito personal, tras su formidable impacto en la dirección, organización y distribución del poder.
Exactamente fue lo que ocurrió el 3-E para sorpresa de todos, por cierto, aflorando una corriente de optimismo en las redes digitales que compensan la falta de medios alternativos para medir el bienestar o malestar del país.
Con todo lo trampeadas que también están, en una sociedad reprimida y (auto)censurada, se notó en principio una genuina corriente de opinión que impregnó de optimismo las redes con todo y lo trampeadas que también están a propósito de la consabida extracción de Nicolás Maduro.
Extracción que nos condujo a un proceso político antes inimaginable y con un poderoso imaginario social que rápido se infla y rápido se desinfla para escarnio o celebración de un liderazgo político realmente atomizado en las dos aceras, forzado a dejarse representar por actores transitorios como más o menos ha ocurrido en la última década y media.
El papel que ha jugado la Constitución de la República ha sido prácticamente nulo frente al arrollador hecho político que obliga al gobierno a invocar el texto como un relato mínimo y posible para intentar preservar la lealtad de sus cuadros, incluida una mesa de negociación que, a ratos, presentan como si fuese una concesión graciosa al “oposicionismo”.
Poco importa que coincida la excarcelación de prisioneros políticos, quedando otros pendientes, con las sesiones formales e informales de la consabida mesa, pues algunos voceros oficiales niegan que la excarcelación haya sido objeto de discusión formal o informal a favor del relato en cuestión.
E, igualmente, se hacen y nos hacemos los pendejos porque no se llenaron los extremos de los artículos 233 y 234 constitucionales, quedando la queja por ahí la queja doctrinaria de los más avisados y la improvisada de los leguleyos de ocasión en torno a las faltas absoluta y temporal del presidente de la República.
Nos hemos deslizado hacia un país fantasmal: de nuevo Comala, en lugar de Macondo, en país en el que la Constitución es invocada retóricamente para sostener algo más que un relato que es el de la apariencia de continuidad institucional.
El hecho político se impone a la norma constitucional porque las instituciones han perdido capacidad efectiva para procesarlo.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lapatilla.com — el contenido pertenece a La Patilla.