¿Qué quiere decir una revolución ética y moral?
Ya en el siglo XIX, Bolívar proclamó que «moral y luces son nuestras primeras necesidades».
Dos siglos después, el llamado de María Corina Machado a una revolución ética y moral recuerda una tarea pendiente: el cambio que necesita Venezuela debe transformar también las conductas que han deteriorado nuestra convivencia.
Se trata de recuperar principios fundamentales: respetar la ley, responder por nuestros actos y reconocer que el interés particular no puede imponerse a costa de la colectividad.
Demasiado nos hemos acostumbrado a celebrar la viveza criolla.
Los cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo muestran cómo la astucia puede vencer a la fuerza.
Pero defenderse mediante el ingenio es distinto de convertir el engaño y la evasión de las reglas en modelos de conducta.
Cuando quien cumple es considerado ingenuo y quien burla las normas merece admiración, la sociedad pierde su brújula.
Las Mercedes, en Caracas, permite examinar esa contradicción.
Una urbanización concebida para una densidad mucho menor se ha convertido en una concentración de edificios, oficinas y comercios, con calles desbordadas por el tránsito.
Cabe preguntarse cuánto pesaron la calidad de vida de los vecinos, la vialidad y los servicios frente a las ganancias particulares.
La responsabilidad alcanza también a las autoridades municipales de oposición.
Ninguna pertenencia política exime de rendir cuentas.
Que una ordenanza se haya modificado conforme al procedimiento no basta para que la decisión sea éticamente legítima: importa a quién beneficia y quién soporta sus consecuencias.
Y nos toca a todos dejar de justificar en nuestros amigos lo que condenamos en nuestros adversarios.
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