Las costumbres también cambian
En tiempos de Pérez Jiménez estaba prohibido tocar corneta frente a hospitales y escuelas.
Y la prohibición se cumplía.
El conductor caraqueño encontró una salida curiosa: manejaba con el brazo izquierdo sobre la puerta y, cuando quería hacerse oír, le daba un golpe.
La costumbre de llevar el brazo allí sobrevivió durante años, incluso cuando muchos habían olvidado su origen.
Así de tenaces son las costumbres: sobreviven incluso a la desaparición de la norma que las creó.
Pero también pueden nacer de su ausencia.
Hoy tenemos un ejemplo bastante menos divertido: comerse la luz.
Una infracción peligrosa que se ha convertido en costumbre porque demasiadas veces no ocurre nada cuando se comete.
Pero basta observar al venezolano conduciendo en Miami.
Allí se detiene ante la luz roja.
No cambió el conductor: cambiaron las consecuencias.
Así se modifican las costumbres socialmente perjudiciales.
No mediante discursos ni campañas interminables, sino con reglas claras, vigilancia efectiva y sanciones ciertas.
Al principio se cumple para evitar la multa; después, por hábito.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.analitica.com — el contenido pertenece a Analítica.