Los tensiómetros del señor Barrett, por Gustavo J. Villasmil Prieto
X: @Gvillasmil99 El señor John M.
Barrett, chargé d´affaires de los Estados Unidos de América en Venezuela, ha asumido últimamente un rol que evoca más la dinámica de un animador de teletón sabatino que la de un diplomático de carrera.
Su itinerario reciente por hospitales y ambulatorios de Caracas, repartiendo cajas de donativos a cargo de un proyecto auspiciado por el Departamento de Estado, busca proyectar la imagen de un oasis de alivio en medio del desierto sanitario venezolano.
La narrativa oficial tras despliegue es predecible: tecnología e insumos estadounidenses, impecables, calibrados y dispuestos para salvar vidas venezolanas ahora que hemos sido declarados «oficialmente felices».
Donativos que posiblemente estemos financiando los venezolanos con nuestro petróleo, ¡como que llevamos meses oyendo a Donald Trump asegurar que Estados Unidos habría recuperado «hasta 28 veces» los costos de la operación militar del 3E! Un colega conocido alabó especialmente los tensiómetros donados.
Me asegura que son de lo mejor; artefactos precisos que contrastan drásticamente con los «corotos» chinos de baja calidad con los que el régimen inundó los hospitales venezolanos durante la última década.
El contraste técnico es innegable y la pertinencia de la entrega indiscutible, sobre todo si tenemos en cuenta que, en Venezuela, uno de cada tres somos hipertensos.
Sin embargo, más allá de la foto oficial y del agradecimiento genuino del personal sanitario que los recibe, la puesta en escena del señor Barrett es de una alarmante ligereza.
Porque los amables donativos del diplomático norteamericano, incluso si se tornasen exponencialmente más generosos, están todavía a años–luz del verdadero problema de fondo de la sanidad veenzolana: el de la deliberada devastación de su institucionalidad puesta en marcha desde 2003 con la Misión Barrio Adentro.
Conozco bien esos números.
Hace unos años me tocó diseñar el sistema de indicadores y procesar las respectivas métricas en lo concerniente a equipos de imagenologia y dotación de insumos para áreas críticas en hospitales venezolanos por encargo del Banco Interamericano de Desarrollo.
El rezago tecnológico y logístico de nuestros hospitales públicos dista mucho de ser un mero bache coyuntural; es un abismo profundo, crónico y documentado con crudeza año tras año por la Encuesta Nacional de Hospitales desde 2014.
Creer que la crisis de un sistema de salud devastado se mitiga con lotes de equipamiento portátil entregados en un besamanos diplomático es desconocer la escala de nuestra tragedia y conformare con el aplauso mediático y el «like» del día.
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