Homo Fumus, por Juan Francisco Camino
X: @Latinoamerica21 Hace casi treinta años, el politólogo italiano Giovanni Sartori publicó una de sus obras más difundidas: «Homo Videns».
Su tesis central es que la opinión se forma, principalmente, a partir de la imagen proyectada entonces por la televisión, y que esa imagen termina definiendo los imaginarios con los que interpretamos la realidad, generamos opinión pública y nos comportamos políticamente, incidiendo en cómo percibimos la política, sus actores, regímenes e instituciones.
Aquella imagen televisiva se estructuraba también con palabras, colores y música que construían la percepción.
De ahí que el rol de los medios de comunicación fuera —y siga siendo— fundamental para definir la agenda de qué se muestra y cómo se lo muestra.
Por eso los estudios en comunicación política aportaron mucho para entender nuestro comportamiento político, y por eso los espacios de noticias, la opinión de expertos y, en contados casos honrosos, el pluralismo, eran la base de la opinión y de la acción política.
Eran épocas imperfectas, pero en las que aún quedaba un resquicio para el debate, el cuestionamiento y la verificación de si el sistema político, en términos de David Easton, cumplía o no su rol; épocas en las que la democracia todavía operaba como premio o castigo.
Hoy, al parecer, ya no vivimos en esa sociedad de la imagen, ni siquiera en aquel « homo cretinus» que el propio Sartori señaló en 2016, cuando las redes sociales habían creado un individuo superficial, de poca retentiva y susceptible a la información falsa.
Vivimos en una sociedad donde la venta de «humo» es la base de la cognición humana: el mensaje rápido, el video corto y la ausencia de pensamiento crítico se juntan con la posverdad y la Inteligencia Artificial para producir un individuo que acepta como verdad cualquier farsa, sostenida apenas en una narrativa que rara vez excede los 280 caracteres y cuyo único propósito es indignar, exacerbar emociones y ratificar sesgos.
Este «homo fumus» está presente en todas las esferas de la vida.
Hemos reemplazado la base científica de la psicología, construida por décadas de investigación, por coaches entusiastas que prometen curar la depresión con declaraciones verbales, «constelaciones familiares» o reels.
O por «influencers» que venden discursos sin camiseta, rodeados de mujeres y sentados en un Ferrari, para hacerte ganar un millón de dólares a base de «burpees».
En la educación media y superior, la autoridad del libro de texto ha sido reemplazada por un video de TikTok, y el uso inadecuado de la IA ha obligado a recuperar estrategias de vieja data, como el papel y el lápiz —tal como se lo está haciendo en Finlandia —, para forzar el esfuerzo y estimular capacidades.
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