Ojo por ojo (1)
Antes de la existencia de leyes escritas, el daño ocasionado por una persona a otra se reparaba mediante la fuerza, en la que el ofendido o su clan tenía el derecho y el deber de causar un daño igual o mayor al agresor: era la venganza de sangre.
Acontecería en el reino nacido entre los ríos Tigris y Éufrates que se codificarían las primeras reglas escritas para impedir las discrecionalidades y abusos en el juzgamiento por parte de sacerdotes, entre ellas, la ley del talión que supuso el primer límite histórico a la reparación del daño.
La expresión más conocida de la ley del talión, es el pasaje bíblico “Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie” (Ex 21: 23-25).
Promulgado alrededor del año 1750 a C por el rey babilonio Hammurabi, el código consta de 282 leyes talladas en una gran estela de basalto negro, pieza, por cierto, expoliada por una expedición francesa a inicios del siglo XX y que se exhibe en el Museo del Louvre.
La ley del talión es la designación usual de un principio jurídico de justicia retributiva en que la norma imponía un castigo que se identificaba con el crimen cometido, obteniéndose la reciprocidad (como expondremos en próximas entregas el resarcimiento evolucionará a otras formas sustitutivas y, por tanto, menos severas), de modo que no se refiere a una pena equivalente, sino a una pena idéntica.
Esta ley constituye históricamente el primer intento de establecer una proporcionalidad entre el daño recibido en un crimen y el daño producido en el castigo, siendo así el primer límite al desagravio.
En la actualidad, existen ordenamientos jurídicos que parcialmente incluyen la ley del talión, especialmente la sharía, en vigor en ciertos países islámicos.
Con el tiempo, las sociedades entendieron que la violencia incesante debilitaba a las estirpes.
Se sustituyó el castigo físico por una compensación económica voluntaria y, más tarde, obligatoria.
El derecho germánico buscó, por medio del wergild (precio del hombre), compensar la ofensa por un valor monetario.
Si alguien era asesinado o herido, el agresor pagaba ese valor a la familia de la víctima para reparar el daño y evitar una guerra de clanes.
Será con el derecho romano que nacerá el concepto de la responsabilidad civil y sentará las bases modernas de la reparación.
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