La paciencia militante: auditar la espera
La primera sesión presencial de la mesa de diálogo nacional despertó un cúmulo de expectativas, todas ellas me parecen legítimas y sanas.
Al cierre de aquella jornada, el 12 de agosto, sus voceros formularon anuncios importantes y alentadores, que no tardaron en provocar reacciones de todo signo.
Entre ellas, destacó la advertencia de la profesora Margarita López Maya, quien recomendó no fiarse del talante de apertura mostrado en este momento por el oficialismo.
Esta postura escéptica coincide temporalmente con la dinámica internacional.
Días antes, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio , había hecho un llamamiento a la paciencia del pueblo venezolano ante la exigencia de un tránsito hacia la democracia, y subrayó que ese proceso de transición no será viable sin sentar previamente las bases para unas elecciones libres y transparentes.
Conviene, pues, conceder algún crédito a las palabras del funcionario norteamericano cuando afirma que la meta no se agota en un mero relevo gubernamental, sino que aspira a una reconciliación nacional genuina y a la edificación de bases institucionales sólidas y duraderas.
El crédito no es gratuito, sino que obedece al carácter de mediador no neutral que su gobierno ostenta en este proceso. ¿Por qué se asocia el rescate de la institucionalidad y la estabilidad general con el cambio del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ)? El argumento apunta a una estrategia que prioriza corregir al árbitro judicial que valida o anula las decisiones del resto de los órganos del Poder Público y hasta de elecciones populares; interviene partidos políticos, confirma inhabilitaciones políticas, ha avalado la modificación de la distribución del poder público, creando instancias paralelas, etc.
Con el agravante de que nadie puede revisar ni revocar las decisiones de la poderosa Sala Constitucional.
Sin embargo, eso no saca del juego ni puede distraer del foco ciudadano a la legítima demanda de las elecciones .
En todo este proceso hemos reconocido que lo electoral no era el punto de partida, ni el fin último, pero sí la mejor herramienta de legitimidad para el gobierno que viene, y para el partido que sale. ¿Es posible confiar en un proceso de cambio sin un cronograma electoral? Es posible si, y solo si, el diálogo es transparente e informado oportunamente.
La confianza es un crédito que se gana día a día, se muestra en la coherencia entre los hechos y las acciones con las promesas y con el relato.
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