Venezolanas siguen abortando a escondidas mientras Colombia amenaza con cerrarles la puerta
Un médico le toma la presión arterial a una mujer en el Hospital Domingo Luciani de Caracas, Venezuela, en marzo de 2022.
Andrea Hernández Briceño Yolanda —nombre ficticio, como el de todas las personas de esta escena— cruza a pie un control de policías encapuchados en un barrio del oeste de Caracas.
En el bolsillo lleva una bolsita transparente con varias pastillas de misoprostol, la segunda parte del tratamiento que la Organización Mundial de la Salud recomienda para un aborto seguro.
Camina rápido, sin mirar atrás.
Cualquier gesto nervioso puede llevar a que la detengan.
Es 2022 y ese paquete podría costarle la cárcel: en Venezuela, abortar se castiga con hasta dos años de prisión, y ayudar a hacerlo, con hasta dos años y medio.
Por Andrea Hernández | EL PAÍS El país ha cambiado mucho desde entonces, sobre todo desde que el 3 de enero fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro, pero la salud reproductiva de las mujeres no está en la agenda.
Se reforman leyes a toda velocidad para explotar petróleo y oro, mientras las venezolanas, que solo pueden abortar si su vida corre peligro, siguen recurriendo a redes clandestinas.
El país ha cambiado mucho desde entonces, sobre todo desde que el 3 de enero fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro, pero la salud reproductiva de las mujeres no está en la agenda.
Se reforman leyes a toda velocidad para explotar petróleo y oro, mientras las venezolanas, que solo pueden abortar si su vida corre peligro, siguen recurriendo a redes clandestinas.
A menudo, no querer tener un hijo es una cuestión de supervivencia.
“No es que no quiera ser madre, es que ahorita no puedo pagar pañales, leche ni médicos.
No puedo”, decía Tatiana, la destinataria de las pastillas.
En casi uno de cada tres hogares venezolanos los ingresos no alcanzan ni para cubrir la alimentación, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) de 2025.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lapatilla.com — el contenido pertenece a La Patilla.