¿Elecciones sindicales con Lista Tascón-Maisanta?, por Gregorio Salazar
X: @goyosalazar Nadie se atrevería a refutar la gran verdad que acaba de expresar Dinorah Figuera, hoy al frente de la comisión negociadora que debate una agenda reformadora con Jorge Rodríguez: «En un país que avanza hacia la transición democrática no debe haber presos políticos».
Inobjetable, pero no dejemos fuera de foco el que en nuestro país en materia de DDHH lo afectado es todo su ámbito de acción y todas sus expresiones, por ello su recuperación debe ser tan amplia y plena como lo demanda la salvación de Venezuela.
El arrase de los derechos humanos desde la hora primera de los gobiernos chavistas fue y sigue siendo la causa primigenia y consecuencial de esta gran tragedia social que desde hace décadas impresionó a la comunidad internacional.
El ex primer ministro español, Felipe González, dejó una frase para la historia: «A mis 76 años, no he visto una destrucción tan grande, tan rápida y tan profunda como la de Venezuela sin que haya mediado una guerra».
Para resumir esa devastación de todo el ecosistema de los DDHH, bastaría contrastar el poético Preámbulo de la Constitución del 99 con la realidad.
Y luego exigirle a quienes todavía siguen gobernando supuestamente en nombre de «la doctrina y el legado de Chávez» –general González, ministro de la Defensa, dixit– qué hicieron de «los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley» que llegaron ofreciendo «para refundar la Patria».
Eso, unido al derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación es lo que debería garantizar, según el mismo preámbulo, la vigencia «universal e indivisible de los derechos humanos».
Expresión, información, participación política, etc.
Y como marco general, ¿adónde fue a parar el famoso Estado de justicia, federal y descentralizado que prometieron? Nada, pulverizaron el Estado de Derecho.
Aunque no se mencione, el derecho al trabajo, a la cultura y a la educación es también la puerta franca hacia la prosperidad, una de las aspiraciones más humanas que existe y cuya vía para su retorno no termina de abrirse entre nosotros.
Pero ahora que el excandidato presidencial, Enrique Márquez, inopinadamente ha planteado comenzar la reinstitucionalización –que depende de lo electoral– realizando primero que todo las elecciones gremiales y sindicales, vale la pena traer a colación las informaciones que circulan en los campos petroleros donde estuve hace poco en contacto con amigos, familiares, gente que trabaja o aspira a trabajar en el Complejo Refinador de Paraguaná.
Allí campea la discriminación y la exclusión.
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