Sin CLAP ni bonos: el chavismo deja sin ayuda social al venezolano más vulnerable
Para las familias más vulnerables en Venezuela, depender de la ayuda del Gobierno ya no es una opción.
Con las bolsas del Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP) desaparecidas, al igual que los bonos, los ciudadanos se han visto obligados a buscar sus propias alternativas para garantizar, al menos, una comida al día Ludovina se lleva las manos a la cabeza cuando le preguntan cómo hace para rendir la comida.
Desde que dejaron de llegar las bolsas del CLAP las porciones en su mesa se redujeron.
A sus 72 años, esta abuela prefiere quedarse con el estómago vacío para asegurar el plato de sus dos nietos, de 15 y 13 años.
Ambos quedaron bajo su cuidado luego de que su mamá emigrara desde los Valles del Tuy, en Miranda, hacia Perú en busca de un mejor futuro.
La remesa que les envía apenas cubre la comida de unos pocos días; el resto del mes, a Ludovina le toca hacer milagros con los 130 bolívares de su pensión (0,17 dólares) y el bono mensual de 53.690 bolívares (70 dólares), según la tasa del Banco Central de Venezuela el 13 de agosto.
Cuando la situación arrecia, su única opción es salir a recoger mangos en el patio de una vecina, pero no siempre es temporada.
Aunque reconoce que los productos del Gobierno venían cada vez de peor calidad y no alimentaban bien, esa bolsa era un salvavidas para ella. «Teníamos harina para hacer arepas una semana, además de pasta y arroz.
Era un alivio, no lo vamos a negar, porque en el supermercado todo está muy caro», comentó.
El Gobierno mantiene silencio absoluto sobre la suspensión del programa CLAP y las quejas aumentan en las comunidades l Foto: El Pitazo Comprar en el barrio y resolver en los comercios La inestabilidad del programa CLAP obligó a los vecinos de Petare a buscar la comida dentro de su propia zona y, a veces, pedir fiado.
Como la bolsa dejó de llegar por meses, la gente se cansó de esperar y ahora compran todo en los pequeños negocios de la misma comunidad. «Ya no salimos del barrio para comprar, aquí lo tenemos todo», dijo una vecina, quien prefiere resolver con lo poco que gana antes que quedarse esperando por un beneficio que nunca aparece.
En la Cota 905, la estrategia de las familias para hacer rendir el dinero fue cambiar por completo lo que ponen en el plato.
En vez de gastar en productos caros de marcas conocidas, ahora compran más tubérculos como yuca, ñame, ocumo y plátano.
A la hora del almuerzo, la gente economiza buscando ofertas de pollo picado, mollejas o hígado en los establecimientos locales, o prefiere adquirir embutidos como la mortadela para estirar las porciones entre todos.
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