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José Gregorio "El Gato" Briceño: Los reyes de la crueldad pidiendo indulgencias

La Patilla ·
José Gregorio "El Gato" Briceño: Los reyes de la crueldad pidiendo indulgencias

Los infames abanderados del narcochavismo, reyes de la crueldad, han protagonizado en nuestro país y fuera también, no lo dudemos, infinidad de situaciones aberrantes, muchísimas han sido en extremo vergonzosas por su índole violatorio de todo estamento y otras desgarradoras por atentar contra la integridad humana sin miramientos.

Una de esas situaciones, que ahora nos deja pasmados es ver a quien convirtió la crueldad en política de Estado, descubrir de repente que los derechos existen, que los tribunales importan y que aplicar las leyes es lo que debe ser, estan pudiendo indulgencias, como quien las merece por sus inmaculada trayectoria.

Pero no vayan a pensar usted que lo creen ahora por convicción, ni por evolución moral sino porque ahora lo necesitan.

Esa transformación instantánea de verdugo implacable y con saña, a víctima, de quien niega garantías a quien las reclama, no es arrepentimiento ni es coherencia.

Es la demostración más perfecta de que no tienen principios y cuando buscan en su escaso o nulo equipaje ético no encuentran cómo justificar su petición, pero como aberrantemente descarados que son, igual intentan obtener los beneficios de la ley, se trata de caer en cuenta de la gran diferencia enorme entre creer la justicia y necesitar la justicia.

Siempre en nuestras plegarias y nuestros escritos invocamos la creencia en la justicia divina y ahora cobra nueva vida cuando uno contempla la extraordinaria y desfachatada pirueta política de Cilia Flores solicitando libertad condicional ante un tribunal de Nueva York.

Hay escenas que ningún guionista se atrevería a escribir por considerarlas demasiado inverosímiles.

Esta, sin embargo, ocurrió.

Resulta sencillamente fascinante ver cómo quienes durante años trataron las libertades civiles como un lujo burgués, el debido proceso como una molestia administrativa y la independencia judicial como una amenaza contrarrevolucionaria descubren, de repente, que los derechos humanos son una cosa estupenda cuando quien los necesita es uno mismo.

Y qué magnífica oportunidad para recordar que el famoso imperio tiene algunas costumbres bastante incómodas.

Por ejemplo, la de permitir que un acusado tenga abogado, que un juez escuche sus argumentos y que el Estado tenga que justificar sus decisiones.

Qué barbaridad.

Después de tantos años denunciando las perversiones del sistema estadounidense, resulta que algunas de sus perversiones son sorprendentemente útiles cuando se está sentado frente a un tribunal.

La escena tiene, además, un componente casi pedagógico.

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lapatilla.com — el contenido pertenece a La Patilla.

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