Aprender o extinguirse: por qué la educación continua ya es clave para sobrevivir al cambio
Pareciera que estamos viviendo en el cambio , más que atravesando algunos cambios.
Y en este contexto, el enfoque de nuestra formación deja de ser una etapa y se convierte en un modo de vida .
Vivir en un escenario de transformación permanente exige capacidad de adaptación e innovación y demanda un camino infinito de incorporación de conocimientos .
La capacidad de aprender es una inversión que no se deprecia.
Tradicionalmente, asumíamos que el conocimiento era un activo que se acumulaba.
Hoy lo abordamos como un flujo , con algunos factores que lo pueden agilizar.
Uno de ellos es la curiosidad : atreverse siempre a preguntar sin pudor.
En tiempos de cambio, quien pregunta mejor tiene un plus.
Otro es el pensamiento de segundo orden: indagar ¿qué está pasando? y también ¿qué va a pasar cuando esto pase?, aceptando la complejidad del sistema que nos contiene.
A esto se suma la tolerancia a la ambigüedad: poder operar con información incompleta sin paralizarse.
De la amenaza a la ventaja La transformación permanente nos exige sentirnos cómodos con no saber y estar dispuestos a explorar .
Quien aprende en forma continua no vive con miedo a los cambios; los aborda y, habitualmente, se anticipa, detecta velozmente las señales del contexto, está dispuesto a probar nuevas herramientas y a reinventarse si su rol desaparece o le requiere adoptar nuevas habilidades.
Entonces, más allá del activo conformado por nuestros saberes, experiencias y redes de contactos, la cualidad que parece adquirir mayor relevancia es la velocidad de aprendizaje .
Según datos del Foro Económico Mundial, el 50% de las competencias críticas serán distintas en los próximos 5 años.
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