Un neurólogo lo confirma: La deshidratación es uno los riesgos más grandes en las personas con demencia
Con la llegada del verano y el aumento de las temperaturas, las personas mayores que padecen demencia enfrentan desafíos adicionales para mantener su salud.
La deshidratación es uno de los riesgos más grandes y, a la vez, de los más sencillos de prevenir, según ha declarado el neurólogo Chema González de Echávarri en su cuenta de TikTok.
El especialista advierte que el peligro se multiplica durante las olas de calor y resalta la importancia de medidas concretas para evitar complicaciones.
El neurólogo explica: “No es infrecuente que muchas personas con demencia se desensibilicen a la sensación de sed y, en ocasiones, también al hambre”.
Esta alteración provoca que quienes conviven con enfermedades como el Alzheimer no reconozcan ni comuniquen la necesidad de hidratarse, lo que incrementa el riesgo de cuadros graves por falta de líquidos.
Ante este panorama, los familiares y cuidadores deben asumir un rol proactivo.
“Ahora que está haciendo un calor espectacular, hay que tener mucho más cuidado”, sostiene el especialista, quien recomienda ofrecer agua constantemente y llevar un control de la cantidad que se consume a lo largo del día.
Esta estrategia permite anticiparse a posibles episodios de deshidratación , especialmente en los meses en los que el calor y la sudoración aumentan.
“No podemos fiarnos sólo de que pida agua” El neurólogo enfatiza que la percepción alterada de la sed convierte a la deshidratación en un enemigo silencioso.
“La cuestión es que no nos podemos fiar solo de que pida agua porque a veces no tiene la suficiente sed”, advierte.
Por este motivo, la vigilancia debe ser constante y activa, en lugar de depender de las señales que transmite la persona con demencia.
Como referencia general, el especialista sugiere “aproximadamente litro y medio en mujeres y dos litros en hombres, pero cuidado en verano que esto puede aumentar”.
Si las temperaturas son elevadas o la persona suda mucho, la recomendación puede modificarse a dos o hasta tres litros diarios, siempre que no existan contraindicaciones médicas.
La supervisión de la ingesta de agua es fundamental para evitar complicaciones agudas, como descompensaciones cardíacas o renales.
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