Llega a plataformas ‘Resurrection’: la película de culto que dibuja un mundo donde ya no se puede soñar, pero en el quedan todavía algunos “delirantes”
Acaba de aterrizar en plataformas (en Movistar Plus+ y en Filmin) y es, según la crítica, uno de las películas más enigmáticas, hipnóticas y bellas de los últimos tiempos.
Se trata de Resurrection , la nueva película de Bi Gan , que se ha convertido en uno de los títulos más celebrados del año con una propuesta de 160 minutos que imagina una humanidad incapaz de soñar y que convierte esa pérdida en una reflexión sobre el propio cine.
El filme, distinguido con el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 2025 , funciona a la vez como relato de ciencia ficción , viaje por la historia audiovisual y elegía por la experiencia de la sala .
La cinta parte de un mundo en el que la humanidad ha prolongado su existencia a costa de renunciar por completo a la capacidad de soñar .
En ese orden sobreviven unos pocos individuos, llamados “delirantes” o “fantasmers”, que se refugian en universos ficticios inspirados en distintas épocas y tradiciones del cine clásico .
La protagonista de ese rescate es una mujer misteriosa interpretada por Shu Qi , encargada de sacar a esos personajes de sus estados de ensoñación y devolver linealidad al tiempo.
Junto a ella aparece Jackson Yee , que encarna al mismo personaje en varios momentos de la historia y actúa como guía a través de los distintos bloques narrativos.
Por qué ‘Resurrection’ es una obra de culto La estructura del filme se organiza en cinco o seis episodios , según la lectura que se haga de la obra.
Cada uno rinde homenaje a una etapa y a un género cinematográfico distintos: del cine mudo y el expresionismo alemán al noir de los años cuarenta, además del drama rural chino, el folclore nacional y las evocaciones estilísticas de autores como Wong Kar-wai o Hou Hsiao-hsien .
El primer bloque se sitúa en las primeras décadas del siglo XX y reconstruye el asombro de los pioneros.
Ahí aparecen referencias a El regador regado de los hermanos Lumière, Viaje a la luna de George Méliè s, Nosferatu de Murnau y elementos del precine y del expresionismo, en un pasaje donde la pantalla se transforma en una “caja mágica” de juegos visuales.
La narración avanza por décadas y estilos con el personaje de Yee cambiando de identidad en cada tramo hasta desembocar en un plano secuencia de 40 minutos rodado en la víspera del año 2000.
En ese segmento, el protagonista y una “mujer-vampiro” atraviesan fiestas, peleas y karaokes que recrean la atmósfera del cine asiático de finales del siglo XX .
Ese despliegue técnico prolonga el virtuosismo que el director ya había mostrado en Largo viaje hacia la noche .
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