La historia del piamontés que amasa pasta casera y es un secreto a voces del pueblo
El local es pequeño.
Funciona detrás de un garage, en un rectángulo donde todo parece ocupar el lugar justo.
De un lado, una mesada de acero inoxidable sobre la que Igor amasa, estira y rellena cada pieza.
Del otro, una estantería con salsas caseras, mermeladas, limoncellos y otros productos italianos.
Él trabaja casi en silencio.
Es metódico, paciente y sonríe para saludar a los clientes que entran mientras Carolina , su pareja, recibe los pedidos y responde las preguntas de los que llegan por primera vez para ver de qué se trata esto que estamos viendo: un pedacito auténtico de Italia en un pueblo bonaerense.
A simple vista podría parecer una fábrica de pastas más.
Pero definitivamente no lo es.
En Italia , de donde viene Igor Violino , comprar pasta fresca en pequeños locales de barrio es tan habitual como para un argentino pasar por la panadería.
Él creció entre esas costumbres.
No eran restaurantes ni tampoco fábricas; eran negocios familiares donde cada mañana se preparaban pastas, salsas y comidas listas para llevar.
Décadas después, terminaría recreando esa misma escena a 11 mil kilómetros de distancia de su pueblo natal.
Igor tiene 45 años, es oriundo de Pinerolo y cocina desde mucho antes de imaginar que algún día iba a vivir de esto.
Tenía 12 cuando empezó esta historia de amor con el oficio de cocinero.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.