El infierno de la prisión de la que casi nadie volvía: cómo era la brutal Isla del Diablo antes de su cierre
Había lugares de los que para los marginales era posible escapar.
De una cárcel, de una ciudad y hasta de un país, burlando sus controles.
Pero de aquella prisión instalada frente a las costas de la Guayana Francesa parecía imposible huir incluso cuando las puertas permanecían abiertas.
El problema no eran solamente los guardias que vigilaban.
Estaba el mar, las corrientes, los arrecifes y los tiburones .
Todo en el escenario de una selva donde también las enfermedades y el hambre aportaban lo suyo.
Y más allá de eso, una legislación que podía obligar a un condenado a permanecer allí incluso después de haber cumplido su pena.
Durante un siglo, el sistema penitenciario conocido como Bagne de Cayenne –presidio de Cayena, renombrado como la “guillotina seca” debido a las terribles condiciones de tortura y aislamiento - convirtió aquella región tropical de Sudamérica en el destino de decenas de miles de presos franceses.
La pequeña Île du Diable, terminó prestándole su nombre a toda la pesadilla.
Pero la realidad era todavía más compleja.
La colonia penal estaba formada por establecimientos de tierra firme y por varios archipiélagos.
Los más conocidos eran Île Royale, Île Saint-Joseph e Île du Diable, pertenecientes a las llamadas “de la Salvación”.
La pequeña Isla del Diablo fue utilizada especialmente para presos políticos y algunos detenidos considerados particularmente peligrosos .
Allí estuvo encerrado Alfred Dreyfus, el capitán francés injustamente acusado de espionaje y condenado por traición.
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