Hepatitis C: cómo detectar una infección que puede avanzar sin síntomas y hoy tiene tratamiento
La hepatitis C puede permanecer sin señales durante años mientras daña el hígado .
Esa evolución silenciosa explica por qué muchas personas desconocen que están infectadas y reciben un diagnóstico recién cuando el daño ya es grave.
Saber cómo se transmite, qué síntomas puede producir y qué opciones existen es el punto de partida para entender una infección que, hoy, tiene cura .
De acuerdo con la Mayo Clinic , la infección causa inflamación del hígado y puede derivar en lesiones graves cuando persiste sin tratamiento.
La llegada de los antivirales de acción directa transformó el panorama de forma sustancial: estos medicamentos, diseñados para bloquear la reproducción del virus, redujeron la duración de los tratamientos y mejoraron los resultados en la mayoría de los casos, con tasas de curación que superan el 95% en personas sin complicaciones previas.
La falta de síntomas puede demorar el diagnóstico durante años La hepatitis C comienza con una fase aguda que corresponde a los primeros meses posteriores al contagio.
Esa etapa pocas veces se diagnostica porque raramente produce señales.
Cuando aparecen, pueden incluir cansancio, náuseas, fiebre, dolores musculares e ictericia, que es la coloración amarillenta de la piel o de la parte blanca de los ojos.
Algunas infecciones desaparecen después de esa primera fase, pero otras persisten y se vuelven crónicas : se mantienen durante años, a veces décadas, sin manifestaciones evidentes.
Los síntomas aparecen recién cuando el virus ya produjo una lesión importante en el órgano.
Entre las señales que describe la Mayo Clinic se encuentran la fatiga, la falta de apetito, la orina oscura, la picazón en la piel, la pérdida de peso y la acumulación de líquido en el abdomen.
La persistencia de la hepatitis C crónica puede ocasionar cicatrices en el tejido hepático, un proceso llamado cirrosis.
Ese deterioro dificulta el funcionamiento del órgano y, en una proporción menor de casos, puede derivar en cáncer de hígado o en insuficiencia hepática, que es la pérdida de la capacidad del órgano para cumplir sus funciones básicas.
El riesgo no depende solo del tiempo transcurrido desde el contagio: la evaluación clínica también contempla el estado del hígado y los antecedentes de salud de cada persona.
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