Max Verstappen chocó en el inicio del último gran premio de su país y decepcionó a la marea naranja
ZANDVOORT AAN ZEE, Países Bajos (especial para LA NACION).– Más de 70.000 hinchas propios , y Max Verstappen estaba solo.
A pie, cabizbajo, rumbo al box.
Acababa de echar a perder no solamente su carrera, sino también la fiesta de esa marea naranja que vino a celebrarlo en Zandvoort Aan Zee y a despedirse de la Fórmula 1 .
Este Gran Premio de Países Bajos fue el último , y por eso las entradas quedaron agotadas en abril, cuando en años anteriores se habían terminado dos días antes.
La expectativa por ver en persona y en casa al ídolo que se recuperaba en el Mundial eran enormes; duraron una vuelta.
Una escasa vuelta.
Y un poco menos, incluso.
Porque Verstappen estrelló su Red Bull al comienzo de la recta principal, bastante antes de la meta.
Rarísimo en el tetracampeón, usualmente infalibe.
Humano, al fin y al cabo.
De hecho, venía de un error –menor: salida de pista inocua– en la última fecha, en Hungría, justo antes de las vacaciones.
La lluvia leve que irrumpió unos minutos antes de la largada había propiciado más temores y cáculos en Zandvoort que cambios reales.
Todos largaron con gomas para piso seco, pero algo de humedad quedaba en ciertos sectores del circuito.
Max, un excelente piloto también sobre asfalto mojado, partió 7º ; se entreveró con su compañero de ocasión, el ascendido Liam Lawson –casi al punto de un roce–, y cuando transitó el peraltado curvón previo a la recta principal, bien por abajo, extravió el dominio de su Red Bull.
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