La fragilidad no es solo debilidad: cómo detectarla y qué hábitos pueden ayudar a frenarla
El ejercicio físico quedó en el centro de varias investigaciones recientes que apuntan en la misma dirección: la actividad adecuada puede ayudar a prevenir la fragilidad, estimular la formación ósea y mejorar la fuerza muscular con el paso de los años .
Los datos surgen de estudios y revisiones sobre envejecimiento, salud ósea y entrenamiento de fuerza , con foco en qué tipo de estímulo ofrece más beneficios en cada caso.
La evidencia reúne tres planos distintos, aunque conectados entre sí: la detección temprana de la fragilidad en adultos mayores, el impacto de los deportes de alta intensidad sobre el metabolismo óseo y la forma en que las cargas y las repeticiones influyen sobre la fuerza y la masa muscular.
En conjunto, esos trabajos describen qué hábitos físicos pueden asociarse con un mejor envejecimiento funcional.
Un artículo publicado por TIME advirtió que la fragilidad no equivale solo a debilidad ni aparece del mismo modo en todas las personas mayores.
El texto señaló que dos personas de 75 años pueden exhibir riesgos muy distintos de deterioro o muerte en el corto plazo, y que esa diferencia suele vincularse con menor velocidad al caminar, pérdida de fuerza en las manos y mayor vulnerabilidad frente a caídas, infecciones o cirugías.
Kenneth Rockwood , profesor de medicina de la Universidad Dalhousie en Canadá , sostuvo que la fragilidad debe entenderse como una condición de largo plazo.
“ No es una cosa mística, mítica y lejana ”, afirmó Rockwood al citado medio.
También indicó que el envejecimiento de la generación del baby boom vuelve más frecuente un cuadro que durante años pareció distante para buena parte de la población.
Una de las herramientas más utilizadas para detectar la fragilidad es la evaluación geriátrica integral.
Entre los signos de alerta mencionó caminar a menos de 0,8 metros por segundo y tardar más de 10 segundos en la prueba de levantarse de una silla, avanzar unos 3 metros, girar, regresar y volver a sentarse.
Esa información puede orientar decisiones clínicas, ya que una persona sin fragilidad suele recuperarse mejor de episodios menores que otra con un estado más vulnerable.
La geriatra Sara Espinoza , investigadora de Cedars-Mount Sinai en Los Ángeles , señaló que algunas internaciones funcionan como punto de quiebre para pacientes frágiles.
“ Era como si la hospitalización fuera un punto de inflexión para que ocurrieran otras cosas ”, dijo Espinoza sobre los casos con complicaciones y pérdida de movilidad tras eventos que en otros pacientes resultaban manejables.
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