Si trabajás 80 para ganar 20, la cuenta no da
Durante mucho tiempo pensé que tener más clientes era necesariamente una buena noticia.
Más clientes significaba más trabajo, más movimiento, más facturación y, en teoría, un negocio que estaba creciendo.
Así que hacía exactamente eso: buscaba sumar.
Aceptaba clientes difíciles, algunos que ni siquiera valoraban mi trabajo.
Bajaba precios para no perder oportunidades y decía que sí más veces de las que debería.
Hasta que un día hice una cuenta bastante simple: tenía muchos clientes, pero ganaba menos de lo que debería haber ganado por la cantidad de horas que trabajaba.
Entonces empecé a cambiar.
Y el cambio no empezó por los precios, sino por mi propia mentalidad.
Tuve que aprender a reconocer cuánto sabía, cuánto valor aportaba y cuánto trabajo había detrás de cada resultado que entregaba.
Empecé a hacer las cosas con más intención y también a entender que era lógico querer sentirme retribuida de acuerdo con ese valor.
Eso me llevó a tomar decisiones distintas: subí precios, aprendí a elegir mejor con quién quería trabajar y terminé descubriendo que con menos clientes podía ganar más.
La regla del 80/20 Hay un principio que ayuda bastante a entender esto.
A comienzos del siglo XX, el economista italiano Vilfredo Pareto observó que aproximadamente el 80% de las tierras de Italia pertenecían al 20% de la población.
Con el tiempo, esa relación empezó a aparecer en muchos otros ámbitos y dio origen a lo que hoy conocemos como la regla del 80/20.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.cronista.com — el contenido pertenece a El Cronista.