“Siento el olor a bosta y revivo”: Mariela Kasko, la mujer rebelde que pasó de la dirigencia rural a la política
MARGARITA BELÉN, Chaco.– Antes de convertirse en dirigente rural y llegar a la función pública en esta provincia, Mariela Kasko creció escuchando historias de trabajo y esfuerzo.
Su familia llegó desde Ucrania en 1936, escapando de la guerra, y se instaló en Villa Berthet, en el sudoeste de la provincia, cuando todavía había que abrirse camino sobre tierras fiscales.
Su abuela desmontaba quebrachos y algarrobos con sus propias manos para hacer una chacra; su padre comenzó con 30 hectáreas, consiguió su primer crédito para comprar dos tractores y construyó, a fuerza de trabajo, una vida ligada al campo.
Hoy, a los 55 años, subsecretaria de Ganadería del Chaco, Kasko mira hacia atrás y encuentra en esa historia familiar buena parte de las razones que la llevaron a involucrarse.
Primero fue productora, después dirigente de la Sociedad Rural de Villa Berthet, más tarde llegó a Chafor y a la comisión directiva de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y finalmente desembarcó en la política.
En cada etapa, dice, buscó lo mismo: encontrar respuestas para los problemas que enfrentaban los productores.
Yesica Espínola, cabañera, 34 años, y al frente de un equipo de hombres: “Algunos renegaban de que los mandaba” Pero su entrada al gremialismo no nació de una ambición política sino de las dificultades que tenía como productora.
El abigeato y la inseguridad rural que atravesaba el sector la llevaron a buscar un lugar desde donde reclamar y, sobre todo, proponer soluciones.
“En 2011, me acerqué a la Sociedad Rural local.
Nadie me invitó pero como buena jeringa de hospital fui, me metí, me senté cruzadita de brazos y dije ‘quiero estar acá’”, dice a LA NACION.
Kasko es la segunda generación argentina de una familia cuyos abuelos paternos llegaron desde Ucrania huyendo de la guerra civil.
Después de arribar al país en 1936, se instalaron dos años más tarde en Villa Berthet, donde comenzaron a producir en una época en la que las tierras eran fiscales y había que avanzar primero con la posesión y luego con la documentación.
La producción familiar era diversificada, como ocurría con muchos de los inmigrantes que se asentaron en esa zona del Chaco.
Sembraban algodón y tenían chivos, cerdos, pavos, gallinas, guineas, miel, plantas frutales y huerta.
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