Son amigas, camioneras y llevan semanas lejos de sus hijos por el cierre de la frontera con Chile: “La espera se hace eterna”
A Andrea Di Césare la esperan en Luján de Cuyo sus dos hijas de 11 y 9 años y su hijo menor, de apenas 5.
Desde que comenzó a trabajar como camionera aprendió a convivir con las videollamadas, los mensajes de audio y esa pregunta que se repite del otro lado del teléfono: “¿Cuándo volvés?” .
A María Jesús Gutiérrez, en cambio, la espera Mateo, su hijo de 20 años, en Polvaredas, una pequeña localidad cordillerana ubicada a unos 45 kilómetros de Uspallata en dirección a Chile.
Las dos siguen arriba del camión.
El viaje comenzó el 1° de agosto y, cuando hablan, todavía están tratando de encontrar la carga que les permita emprender finalmente el regreso a Mendoza.
Entre una punta y otra del país, el recorrido se transformó en una sucesión de esperas que las obligó a cambiar de planes una y otra vez.
El itinerario sin fin: “Hay que mantener muy fría la cabeza” “Ha sido una travesía que nunca me tocó experimentar en estos años”, cuenta María Jesús (41), que conoce los pasos fronterizos como pocos.
Trabaja como camionera desde hace cinco años y ya atravesó Pino Hachado, Cardenal Samoré, Los Libertadores y Jama, en el norte.
Esta vez, sin embargo, el itinerario parecía no terminar nunca.
Primero viajó hacia Pino Hachado, donde estuvo tres días esperando que abriera ese paso.
Finalmente llegó hasta el Puerto San Antonio, en Chile, y allí retornó nuevamente a Pino Hachado para volver a la Argentina.
Otros cinco días.
Cuando finalmente pensaba que estaba cerca de continuar, recibieron la noticia de que el paso cambiaba.
Tuvo que volver a Chile y emprender nuevamente el camino hacia el sur para intentar cruzar por Cardenal Samoré.
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