Alergias: la inflamación invisible detrás del mal humor de primavera
Los cazadores ingleses repiten desde el siglo XVI una expresión que nunca perdió vigencia: mad as a March hare , loco como una liebre de marzo.
Nació de una observación de campo bastante literal.
Entre febrero y abril, las liebres europeas atraviesan su temporada de celo y protagonizan escenas que cualquier granjero describiría, sin exagerar demasiado, como un brote colectivo de locura: se paran sobre las patas traseras en pleno campo, boxean entre ellas sin motivo territorial claro, corren en círculos frenéticos aunque ningún depredador ronde cerca.
Detrás de esa coreografía errática existe una explicación hormonal certera: el aumento estacional de estrógeno y testosterona reconfigura, durante semanas, el sistema nervioso entero del animal.
La primavera trae una versión menos poética del mismo fenómeno.
Millones de personas amanecen con los ojos irritados, la nariz taponada y algo más difícil de nombrar: una irritabilidad ajena a su temperamento habitual , una concentración esquiva que dos cafés apenas sostienen, un agotamiento que aparece sin causa evidente.
La explicación reflexiva y casi automática suele apuntar hacia el terreno psicológico, el estrés laboral, la ansiedad de fin de año que empieza temprano, alguna cuenta pendiente con el ánimo.
Buena parte de la evidencia científica reciente sugiere, sin embargo, algo distinto: gran porción de ese malestar lleva firma inmunológica antes que anímica.
“La inflamación nasal libera mediadores que jamás se quedan en la mucosa, viajan por la sangre y generan un ruido de fondo que recorre el organismo entero”, resume la médica Mercedes Marín.
Ese ruido de fondo tiene protagonista conocido: la histamina , la misma sustancia responsable del estornudo y el picor, funciona también como neurotransmisor cerebral.
Kazuhiko Yanai, farmacólogo de la Universidad de Tohoku que lleva dos décadas tomografiando cómo esa molécula ocupa los receptores del cerebro humano, resume: “La histamina no solo despierta al cuerpo, sino que también lo hace con el cerebro” .
Sus estudios describen cómo los receptores H1 regulan simultáneamente el estado de alerta, la memoria y el ciclo de sueño y vigilia.
La temporada de polen convierte esa regulación fina en un desajuste sostenido.
Cuando la histamina se eleva de manera crónica, arrastra consigo citocinas proinflamatorias, entre ellas la interleuquina seis y el factor de necrosis tumoral alfa, que circulan por la sangre y terminan interactuando con el sistema nervioso central.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación Salud.