Los medicamentos anticoagulantes pueden ser aliados para retrasar el deterioro cognitivo, reveló un estudio
Las personas con fibrilación auricular y enfermedad de Alzheimer podrían experimentar un deterioro cognitivo menos acelerado si reciben anticoagulantes orales de acción directa , según un estudio del Instituto Karolinska de Suecia publicado en el European Heart Journal .
La investigación analizó a más de 7.300 pacientes en Suecia , comparando los efectos de distintos tratamientos anticoagulantes y sus consecuencias sobre la función cognitiva y otros riesgos para la salud. ¿Qué revelan los datos sobre anticoagulantes y deterioro cognitivo? De acuerdo con el reporte del Instituto Karolinska , los investigadores observaron que las personas que recibieron anticoagulantes orales de acción directa (NOAC), una clase de medicamentos modernos, mostraron un deterioro cognitivo más lento a lo largo del tiempo en comparación con quienes usaron warfarina (un anticoagulante más antiguo) o no recibieron ningún tratamiento de este tipo.
El seguimiento se realizó utilizando el Mini-Examen del Estado Mental (MMSE), una herramienta estandarizada para evaluar la función cognitiva.
La población estudiada incluyó a adultos mayores con diagnóstico de fibrilación auricular y enfermedad de Alzheimer.
La fibrilación auricular es un trastorno frecuente en la tercera edad y se asocia con un mayor riesgo de coágulos sanguíneos, por lo que el uso de anticoagulantes resulta habitual.
El impacto de estos fármacos sobre la cognición, sin embargo, no había sido descrito detalladamente hasta este trabajo.
Comparación de tratamientos y metodología del estudio Según informó el European Heart Journal, los investigadores utilizaron datos del Registro Sueco de Trastornos Cognitivos/Demencia (SveDem) y dividieron a los 7.308 participantes en tres grupos: quienes recibieron NOAC , quienes usaron warfarina y quienes no utilizaron ningún anticoagulante.
La función cognitiva de los pacientes se evaluó periódicamente con la escala MMSE a lo largo de varios años.
Para asegurar la comparación entre grupos, el estudio aplicó técnicas estadísticas que ponderan las covariables relacionadas con la salud y el tratamiento.
Así, los autores evitaron que diferencias de base influyeran de manera significativa en los resultados.
“Hay razones para creer que el tratamiento podría tener un efecto positivo en la cognición, mejorando el flujo sanguíneo y reduciendo los daños a pequeña escala en el cerebro” , explicó Maria Eriksdotter , profesora y consultora sénior en medicina geriátrica, en un comunicado del Instituto Karolinska.
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