El detrás de la arena: cómo el Imperio romano controló el comercio de fieras para sus espectáculos
Detrás de los combates entre hombres y fieras que llenaban los anfiteatros del Imperio romano existía una maquinaria militar y administrativa de alcance casi desconocido: un estudio de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) reconstruye, a partir de dos constituciones imperiales del siglo V, el sistema logístico que garantizaba el suministro de animales exóticos para las venationes, los espectáculos de caza que superaban en popularidad a los combates de gladiadores.
La investigación , publicada en la Revista General de Derecho Romano , analiza las normas recogidas en el Codex Theodosianus (CTh.
15.11) y posteriormente compiladas en el Código de Justiniano.
Su autora, Rosa María Carreño Sánchez , investigadora del Instituto de Estudios Clásicos Lucio Anneo Séneca de la UC3M, examina los mecanismos jurídicos y administrativos que regulaban la captura, el traslado y la custodia de las bestias destinadas a la arena.
El análisis parte de dos constituciones imperiales que, según la investigadora, ofrecen un testimonio privilegiado sobre el funcionamiento interno de los espectáculos venatorios en época tardoantigua.
El Imperio declaró a todos los leones propiedad del emperador Uno de los hallazgos más relevantes del trabajo es la probable existencia de un monopolio imperial sobre la captura de leones .
Según Carreño Sánchez, “en la antigüedad tardía, ante la creciente escasez de grandes felinos, se estableció un monopolio estatal sobre los leones para garantizar el suministro de animales para los espectáculos del emperador e impedir la competencia de los particulares; es decir, todos los leones pertenecían al emperador”, según declaró la investigadora en el marco del estudio.
Para ejecutar ese control, el ejército romano contaba con unidades especializadas: los soldados designados ad leones , los ursuarii —encargados de los osos— y los vestigiatores , rastreadores que operaban en las fronteras del Imperio para localizar y capturar a los animales.
Estas unidades formaban parte de una cadena de abastecimiento que arrancaba en las provincias más remotas del norte de África y el Oriente Próximo, donde se concentraba la mayor diversidad de fauna salvaje.
Las provincias pagaban el traslado de las fieras y sufrían fraudes por demoras El traslado de las fieras desde los confines del Imperio hasta Roma o las menagerías imperiales imponía cargas económicas directas sobre las provincias, que debían costear el personal de transporte con fondos locales.
Esa presión generaba abusos concretos: las fuentes jurídicas analizadas documentan demoras deliberadas que arruinaban las finanzas municipales y podían encubrir el desvío de animales hacia espectáculos privados no autorizados .
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