Lo citaron a la Selección, pero se retiró a los 19 años y se reinventó como cocinero de culto: “A la carne al horno le debo la vida”
Dios obra de formas misteriosas.
Y la pelota, un dios tan esquivo como terrenal, de cuero y barro, también.
Cuando Marcelo Espósito comenzó a desandar con suceso el camino del fútbol en el mítico club Parque , y luego en All Boys , supuso que su talento y tenacidad lo depositarían en el éxito.
Sin embargo, tras su retiro prematuro y la decepción por el sueño hecho añicos, el deporte rey encontró una manera poco ortodoxa de tenderle la mano, de empujarlo a una notoriedad inesperada.
“Fue cuando cocinaba en la casa de mi mamá y salía a vender.
Encontré una oferta de tapa de asado en el supermercado y me dije ‘vamos a vender carne’.
Puse en la fuente una base de cebolla cortada, la tapita de asado arriba, la metí en el horno y me fui a jugar un partido.
Hice el cálculo y pensé: ‘En una hora y media, a más tardar, estoy de vuelta’.
Pero después del partido nos quedamos charlando, tomando una gaseosa y me acordé: ‘¡La carne en el horno!’.
Volví corriendo con la idea de que me iba a encontrar un carbón.
Habían pasado como cuatro horas.
Cuando abrí la puerta del horno, pinché la carne y...
Era una manteca .
Con el jugo de la cebolla había quedado espectacular", se divierte al evocar el golpe de suerte.
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