La leyenda del pistolero Ruggierito: el misterio de su crimen, la noche que salvó a Gardel y la multitud que lo despidió
Luego de haber pasado la tarde del sábado 21 de octubre de 1933 en el hipódromo de La Plata, Juan Nicolás Ruggiero regresó a Avellaneda.
Era un pistolero de 38 años que, con su banda, controlaba el juego clandestino, los prostíbulos y amañaba elecciones en ese populoso distrito industrial, que era manejado bajo la influencia de Alberto Barceló, el caudillo local conservador.
Ruggierito, retacón y regordete, estaba en Crucecita, un barrio que debe su nombre a un arroyo que lo atravesaba.
Allí, vio a una mujer antes de seguir camino hacia su casa, en avenida Belgrano al 900, frente al Hospital Fiorito, donde convivió durante diez años con Elisa Vecino , diez años menor que él.
Pero nunca llegó.
Había nacido a la una y media de la mañana del 24 de junio de 1895 en la isla Maciel.
Su padre Francisco era un napolitano que se ganaba la vida como carpintero ebanista y su mamá Amalia Lucachi tenía 14 años cuando se casó, y al año siguiente ya había sido madre.
De carácter fuerte, lo justificaba diciendo que “soy enérgica porque tengo muchos hijos para darles de comer” .
Tuvieron más de 15, y habían llenado dos libretas enteras para inscribir los nacimientos.
En el cuarto año de la primaria, Ruggiero dejó el Colegio Hispano Argentino, en Mitre al 100, para ayudar a su papá en la carpintería.
En su adolescencia se juntó con malas compañías y así se metió en el mundo de la marginalidad .
Cuando era un joven, se tiroteó en la puerta de uno de los prostíbulos que custodiaba, propiedad de Enrique “El Manco” Barceló , hermano del intendente.
Así, logró fama y un ascenso.
Era 1913 y el líder conservador no demoró en ponerlo al frente de un subcomité conservador , que funcionaba en Pavón 252, frente al frigorífico La Negra.
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