A 60 años de la tragedia de Aberfan: una avalancha de barro, un pueblo arrasado, 116 chicos muertos y una reina insensible
“Se oyó un estruendo.
Era como un trueno y el profesor le aseguró a la clase que solo era un trueno.
Era como un rugido continuo, un ruido atronador, un ruido muy, muy fuerte.
Después perdí el conocimiento.
Lo único que recuerdo es despertarme rodeado de todo ese material.
Solo se oían gritos y alaridos de niños en el aula.
Tenía una niña muerta a mi lado, sobre mi hombro.
Tuve suerte porque la única razón por la que sobreviví fue que tenía una bolsa de aire a mi alrededor.
Los demás que murieron, o bien fallecieron aplastados o por asfixia, al quedar sepultados bajo los escombros, sin poder respirar.
Fue una suerte que hubiera una bolsa de aire a mi alrededor, lo que me permitió respirar.
Me rescataron gracias a mi pelo blanco; cuando estaban excavando, vieron mi pelo blanco.
Excavaron a mi alrededor y me sacaron”.
Jeff Edwards tenía ocho años y estaba en un aula de la escuela primaria Pantglas, en el pueblo de Aberfan, cuando una avalancha de barro y escombros arrasó todo .
Fue el último niño rescatado con vida del edificio y siempre estuvo convencido de que se debió a su característico color de pelo, que resaltó entre el barro negro.
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