La segunda huida de Antonio: un salvadoreño que se autodeportó tras el endurecimiento de las leyes migratorias en Estados Unidos
“Es duro” , así resume Antonio su experiencia tras auto deportarse a El Salvador después de haber vivido más de dos décadas en Estados Unidos , expone los efectos de las recientes políticas migratorias estadounidenses en miles de familias centroamericanas.
Un año después de autodeportarse por miedo a las redadas y la criminalización del migrante irregular , comparte su historia en un contexto marcado por la incertidumbre que genera el inminente fin del Estatus de Protección Temporal (TPS) previsto para el 9 de septiembre, una medida que no representa deportaciones masivas automáticas, pero si un golpe para quienes han construido una vida lejos de sus países de origen.
La vida de Antonio cambió en 1999, cuando la violencia forzó a su familia a abandonar la tierra donde poseían una empresa textil.
“Nos dijeron que si no les entregaban una fuerte suma en colones nos iban a mandar a mi hermano en una maleta, teníamos que llevar el dinero a un restaurante de San Salvador , se vendieron cosas, prestamos dinero, nos presentamos en el lugar con varios hermanos de la iglesia, pero no llegaron, sabían que no fuimos solos y tuvimos que salir del país lo antes posible ”.
La amenaza directa y la falta de protección empujaron a Antonio y a su familia a buscar refugio en un país desconocido, donde enfrentaron la pérdida de todo lo material y la necesidad de reconstruir su vida desde cero.
“Compramos los boletos y nos fuimos a Estados Unidos con mi esposa y dos niños, dejamos todo atrás.
Después de ser el jefe llegamos a dormir en el suelo, a limpiar baños y trabajar dobles turnos sin ver a mis hijos para salir con los gastos”.
El paso del tiempo permitió cierta estabilidad, aunque nunca sin sacrificios.
Estados Unidos ofreció oportunidades y retos.
“Era duro cuando yo logré llegar a ser gerente de un restaurante y ver a mi pobre padre ser el ordenanza, pero qué más podía hacer ahí el trabajo no era de levantar carga ni bajo el sol como en las construcciones”.
La regularización migratoria solo fue posible para los hijos de Antonio , beneficiarios del DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia) .
“Mis hijos son estudiados en la universidad, ellos hablan más de dos idiomas, uno de ellos trabajó con el gobierno, pero ni aún así podíamos hacer mucho para conseguir papeles.
Cuando las cosas se pusieron más complicadas tuvimos que separarnos , porque mis papás y yo estábamos indocumentados , huyendo, ya no encontrábamos trabajos, nos daba miedo salir a la calle porque andaban deteniendo a la gente por el color de piel”, relató a Infobae.
El endurecimiento de las leyes migratorias en Estados Unidos llevó a Antonio a tomar una decisión extrema: regresar voluntariamente junto a sus padres a El Salvador , dejando a sus hijos bajo la protección del DACA .
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