Cuando el lugar es el que se adapta a las personas: 47 inscriptos, dos sedes y una escuela de fútbol para jóvenes con autismo
“La escuelita nace con un objetivo claro: no queremos que el niño, niña o joven sea quien tenga que adaptarse a un espacio, sino que el espacio pueda adaptarse a las necesidades de cada persona ”, dice Yamila Álvarez , una de las impulsoras para que la escuelita Inti Ana siga creciendo.
Lo que buscan es que chicos y chicas en el espectro autista puedan encontrar en el fútbol algo tan simple como valioso: un lugar donde jugar, disfrutar, vincularse con otros y sentirse parte.
La idea comenzó a tomar forma cuando Yamila conoció el proyecto que el profesor de Educación Física Mariano Vera había puesto en marcha en Jujuy y decidió contactarse con él para proponer una sede en Mar del Plata.
Pero detrás de esa iniciativa también había una necesidad que empezó a aparecer en las conversaciones con las familias de niñas y niños con autismo: aun buscando distintas alternativas, algunos seguían sin encontrar un espacio donde pudieran participar y disfrutar de los deportes, específicamente del fútbol.
“Ahí comprendimos que había una necesidad concreta” , cuenta la estudiante avanzada de la Licenciatura en Terapia Ocupacional y acompañante terapéutica.
Así comenzó a gestarse la llegada de Inti Ana a la ciudad, una escuela que tendrá su primera sede en la provincia de Buenos Aires y que ya despertó el interés de 47 familias, incluso, antes de comenzar sus actividades.
Una propuesta que nació para encontrarse con otros La escuelita Inti Ana forma parte de la Fundación Inti Huara y nació en Jujuy a partir de una necesidad que sus impulsores habían detectado hacía años.
La demanda de espacios para niños y jóvenes con autismo era grande y muchas de las propuestas disponibles tenían un formato individual.
Frente a esa realidad, la fundación decidió crear una actividad que permitiera que las personas con autismo pudieran encontrarse y relacionarse con otros chicos y jóvenes a través del deporte.
El fútbol se convirtió en el eje central de esa propuesta, aunque el objetivo siempre fue mucho más amplio.
“Buscamos trabajar mucho más que lo deportivo: la participación, la socialización, los vínculos, la comunicación y la autonomía” , explica Yamila.
La cancha aparece así como un punto de encuentro en el que también pueden desarrollarse habilidades motrices, confianza y vínculos entre pares.
La llegada del proyecto a Mar del Plata también tiene que ver con su propio recorrido.
Yamila es estudiante avanzada de la Licenciatura en Terapia Ocupacional de la Universidad Nacional de Mar del Plata y desde hace varios años trabaja como acompañante terapéutica.
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