Abdellatif Hammouchi, el líder de la seguridad de Marruecos señalado por los hackers de Jabaroot y acusado de torturas al que Marlaska le dio una medalla
Abdellatif Hammouchi ocupa desde hace más de dos décadas posiciones clave dentro del entramado de seguridad de Marruecos .
En la actualidad, dirige simultáneamente la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST), responsable de la inteligencia , y la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN), que lidera la Policía .
Su figura ha vuelto al centro del foco al ser señalado por Jabaroot como jefe absoluto de las actuaciones “híbridas” de Marruecos.
Hace ocho meses, Fernando Grande-Marlaska le condecoró con una medalla , a pesar de las sospechas de que estuvo detrás del caso Pegasus, que afectó al propio ministro del Interior.
Marlaska le homenajeó en noviembre con la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil, en reconocimiento al trabajo conjunto en seguridad y la lucha antiterrorista.
Este gesto simbolizó el acercamiento entre Madrid y Rabat, y desembocó en críticas por las vinculaciones que se la atribuyen a Hammouchi, que ahora vuelven a la primera plana por la famosa lista de 70.000 espías marroquíes filtrada por los hackers .
De acusaciones de torturas a medallas La crisis migratoria en Ceuta ha desatado toda una serie de movimientos geopolíticos.
Marruecos ha aprovechado para reclamar la soberanía de la ciudad autónoma , mientras que Jabaroot , cuyo origen todavía no se conoce, ha entrado en la ecuación con la filtración de personas señaladas como espías.
En ese contexto, las publicaciones han señalado a Hammouchi como uno de los responsables de la gestión de seguridad en la frontera.
Estas imputaciones, aunque no confirmadas de manera independiente, han reforzado su imagen como un actor central en las decisiones estratégicas del reino alauita.
En el plano internacional, Hammouchi ha enfrentado investigaciones y denuncias por presuntos abusos.
En 2014, la justicia francesa intentó interrogarlo por su presunta implicación en casos de tortura , a raíz de denuncias presentadas por la Asociación de Cristianos por la Abolición de la Tortura (ACAT).
Uno de los denunciantes fue Naama Asfari, activista saharaui encarcelado en Marruecos, y otro fue Adil Lamtalsi, ciudadano franco-marroquí.
Aquella situación desencadenó una crisis diplomática entre Francia y Marruecos, que se resolvió sin que Hammouchi llegara a declarar, amparado por su estatus diplomático.
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