La epidemia de ébola en RDC, la segunda peor de la historia y la de más rápida propagación
Nairobi, 17 ago (EFE).- La epidemia de ébola declarada el 15 de mayo en el este de la República Democrática del Congo (RDC) se ha convertido este lunes en la segunda peor de la historia en cuanto a número de muertes y de casos confirmados.
Según el último boletín del Ministerio de Comunicación congoleño, se han registrado ya 2.325 muertos y 4.945 contagios confirmados, con lo que se superan los números del brote ocurrido en la misma región entre 2018 y 2019, que causó 2.299 muertes y 3.481 casos.
La epidemia, que es la decimoséptima de este virus que afecta a la RDC, es también la de más rápida propagación registrada hasta ahora. ¿Cómo se he llegado a esta situación? Estas son las cuatro claves para comprenderlo: Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el virus comenzó a circular en el este congoleño en febrero, aunque una investigación publicada en la revista Science a finales de julio sugirió que las primeras infecciones habrían sucedido incluso antes, al menos en enero.
La epidemia pertenece a la poco común cepa Bundibugyo, cuya tasa de letalidad oscila entre el 30 % y el 50 % y que no puede ser detectada por las pruebas para otras variantes de ébola más comunes como la de Zaire.
Dificulta todavía más la identificación del ébola en general el hecho de que sus síntomas iniciales pueden confundirse con los de otras enfermedades endémicas en la zona, como la malaria.
Esta tormenta perfecta le permitió al virus obtener "una ventaja inicial", según declara a EFE el director del Área de Programas de la Oficina Regional de la OMS para África, Patrick Otim.
"Desde entonces, la demora en la búsqueda de atención médica, la desconfianza de la comunidad, la inseguridad, el desplazamiento, la alta movilidad de la población y el difícil acceso a algunas zonas han dificultado la detección temprana de casos y la interrupción de todas las cadenas de transmisión", señala.
Otim indica que los mitos y la desinformación "han alimentado el miedo a los centros de tratamiento, el rechazo a las prácticas de entierro seguras, el retraso en la notificación de síntomas y la búsqueda de atención médica", lo que dificulta la respuesta sobre el terreno.
Grupos enfurecidos han llegado incluso a atacar a los profesionales médicos y a los voluntarios dedicados a recoger y enterrar cuerpos de manera segura o a asaltar centros de salud.
Además, tres de las seis provincias afectadas por el brote están golpeadas desde hace décadas por un largo conflicto entre el Ejército congoleño y grupos rebeldes, incluyendo Kivu del Norte, Kivu del Sur e Ituri.
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