De sembrar para sobrevivir a alimentar a toda una comunidad rural en República Dominicana
En la provincia de La Altagracia , al este de la República Dominicana , el liderazgo de Ámbar Rijo ha transformado la vida de una comunidad rural que pasó de depender de la agricultura de subsistencia a convertirse en un referente de autosuficiencia alimentaria.
Ámbar Rijo lidera una iniciativa que ha logrado convertir la producción agrícola local en una fuente estable de alimentos y oportunidades para cientos de familias , marcando un ejemplo de organización y resiliencia frente a las crisis actuales.
Antes de este cambio, el trabajo en la comunidad María Ruiz se limitaba a largas jornadas agrícolas que apenas alcanzaban para cubrir las necesidades básicas.
La falta de recursos y de conocimientos técnicos impedía a los agricultores pensar en un futuro diferente.
Esta situación se modificó con la llegada de un proyecto impulsado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) , la Dirección de Desarrollo Social Supérate y el Ministerio de Agricultura de la República Dominicana , que apostaron por fortalecer las capacidades de las mujeres rurales a través de formación, tecnología y acompañamiento técnico.
Bajo la coordinación de Ámbar Rijo , más de 200 mujeres rurales asumieron el reto de profesionalizar la producción agrícola.
El grupo mejoró sus prácticas con la introducción de casas sombra, estructuras que protegen los cultivos y permiten mantener el ritmo de cosecha durante todo el año, incluso ante escenarios climáticos adversos .
Gracias a esta innovación, la comunidad produce ahora lechuga, apio, espinaca, rúcula y tomate , abasteciendo tanto a los hogares locales como a hoteles y comercios en la región Este del país.
La iniciativa de Ámbar promovió la diversificación de cultivos y la adopción de técnicas sostenibles.
Las participantes aprendieron a utilizar abonos orgánicos, implementaron sistemas de riego por goteo, bancos de plántulas y estanques para la piscicultura.
El proceso incluyó la instalación de composteras y biodigestores, permitiendo la producción local de fertilizantes y biogás, lo que redujo costos y fortaleció la independencia de la comunidad frente a insumos externos.
El modelo comunitario impulsado por Ámbar Rijo ha fortalecido la organización interna.
Las mujeres, agrupadas en asociaciones productivas, participan en la planificación y toma de decisiones sobre la gestión agrícola y financiera.
Este proceso ha facilitado el desarrollo de habilidades de liderazgo y administración, motivando a varias integrantes a retomar o iniciar estudios superiores en agroecología y liderazgo comunitario.
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