Lo dice la psicología: una persona talentosa que se estanca en su trabajo sufre el “impuesto a la competencia”
En todo ámbito laboral , siempre hay trabajadores que están cuando algo falla.
Resuelven urgencias, ayudan a sus compañeros, conocen todos los procesos y consiguen sacar adelante aquello que parecía trabado.
Son los empleados a los que se recurre cuando aparece un problema serio y los que suelen recibir elogios como “ sin vos esto no funcionaría ”.
El problema aparece cuando llega la temporada de ascensos y esas mismas cualidades que parecían preparar a la persona para crecer terminan funcionando en sentido contrario.
Mientras otros reciben nuevas responsabilidades, el trabajador más confiable permanece exactamente donde estaba porque la organización teme perder aquello que hace tan bien.
A este fenómeno se lo conoce como “impuesto a la competencia” .
Si durante años una persona fue vista exclusivamente como quien ejecuta, resuelve crisis y salva proyectos, esa será la función que los demás aprenderán a asociar con ella .
Que alguien sea considerado indispensable no significa necesariamente que esté siendo preparado para liderar. (Foto: Pixabay) También existe una dimensión psicológica personal.
Ser necesario resulta gratificante.
Resolver problemas genera reconocimiento , refuerza la autoestima y puede terminar formando parte de la identidad profesional.
La persona ya no piensa solamente “soy bueno en mi trabajo”, sino “ yo soy quien siempre encuentra la solución ”.
Por eso resulta tan difícil romper el ciclo.
Ante la próxima emergencia, el impulso automático será volver a intervenir.
Y cada vez que lo haga reforzará exactamente la imagen de excelente ejecutor al que nadie quiere mover de su puesto.
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