A River le tambalea la fórmula Riquelme y los puentes con el nombre prohibido ya no tienen barreras
Parece más fácil oponerse a la implacable conducción del fútbol argentino que ganar un torneo.
Si el año pasado Estudiantes pudo juntar los dos objetivos, hoy a River le cuesta hasta ilusionarse con lograrlos.
Y no porque uno sea causa del otro.
A River le cuesta sencillamente porque no se impone, no intimida, no motiva.
Es un equipo de jugadores.
Como cualquiera, podrá decir alguno.
Más que todos, entonces.
Llaman la atención sus cotizaciones y sus procedencias: Atlético de Madrid, Benfica, Fiorentina, Palmeiras, el torneo mexicano y la MLS.
Si se inspiran, sobre todo Ángel Correa, el fútbol aparece.
Pero de a ráfagas, generalmente eclipsadas por rivales más intensos y de funcionamiento aceitado.
Es un equipo de jugadores , también, porque no pesa la referencia fuerte del entrenador.
Trataron de maquillarlo, pero Leonardo Ponzio no se había preparado para ni quería ser entrenador.
Un ejemplo básico: en general los exfutbolistas, cuando se imaginan en el banco, tienen apalabrado a su cuerpo técnico.
Ponzio no sumó gente ni de entrada ni luego.
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