Estrés infantil: cómo las exigencias escolares y las actividades pueden afectar la salud mental de los chicos
En muchas casas, la escena se repite entre horarios escolares extendidos, actividades deportivas, comidas frente a una pantalla y noches con poco descanso.
En ese ritmo cotidiano, la presión sobre niños puede confundirse con un trastorno , aunque detrás haya señales de sobrecarga que los adultos no siempre advierten.
Florencia Sanabria , psiquiatra infantil, pediatra y autora de Niños bajo presión: El estrés infantil disfrazado de trastorno sostuvo en Infobae A las Nueve que antes de buscar una explicación clínica a una conducta, conviene detenerse en las condiciones en las que transcurre la vida de cada chico: “ Hay que empezar a observarlos un poquito más” .
El estrés infantil detrás de rutinas exigentes La jornada no termina necesariamente cuando termina la escuela.
Para algunos niños, continúan las clases de idiomas, el deporte, las tareas y una agenda que deja poco margen para el descanso.
Sanabria advirtió que esa suma de demandas puede derivar en “un síndrome de agotamiento que se llama burnout infantil”.
La especialista propuso mirar la “funcionalidad” de cada niño, es decir, el vínculo entre “la sobrecarga y el potencial que tiene cada niño”.
Bajo ese criterio, una misma exigencia no produce el mismo efecto en todos: “Hay niños que están preparados para doble escolaridad, hay otros que no la soportan”.
En ese punto, ubicó buena parte de la presión en expectativas que nacen fuera de la escuela y se trasladan a los chicos.
Las metas académicas, los deportes y la necesidad de cumplir con determinados modelos de rendimiento pueden responder, según dijo, a “ciertos estándares en la sociedad”.
La psiquiatra sostuvo que esa carga atraviesa distintos sectores sociales , aunque observó una mayor intensidad en familias de clase media y alta.
“ Es una cuestión generalizada ”, afirmó, al describir una dinámica en la que “todos los padres buscan el bilingüismo, la doble jornada”.
La evaluación individual puede evitar etiquetas apresuradas Para Sanabria, el problema aparece cuando se analiza una conducta aislada sin revisar primero el contexto, los horarios, el descanso y la capacidad de respuesta de cada paciente.
“ Muchos terminan con etiquetas apresuradas o diagnósticos” que no toman en cuenta esa disponibilidad, señaló.
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