Tuvo tres novios, escucha rock y habla de sexualidad con sus alumnos: la historia de la hermana Verito
En la televisión cocina desde un convento, habla de rock nacional con la misma naturalidad con la que explica la vida monástica y responde sin esquivar ninguna pregunta.
La hermana Verónica —o simplemente Verito , como le dicen sus amigos— se convirtió en una de las revelaciones de El Gourmet , donde derriba, sin proponérselo, muchos de los prejuicios que existen sobre las religiosas.
Detrás de esa sonrisa espontánea hay una historia atravesada por el dolor, la vocación y una fe inquebrantable.
Creció en una familia poco religiosa, vivió de cerca la enfermedad de su hermano, descubrió la cocina en la adolescencia y, cuando todos imaginaban otro destino para ella, eligió el convento.
En esta conversación con Infobae habla de su infancia en Belgrano, de los novios, del rock, de las amonestaciones en el colegio, de la muerte de su hermano, del amor, del celibato y de las renuncias que implica la vida religiosa.
También cuestiona algunos estereotipos sobre la Iglesia y explica por qué cree que una monja no es muy distinta de cualquier otra persona.
Con humor, convicciones firmes y una calidez poco frecuente, Verito abre las puertas de un mundo que suele permanecer lejos de la mirada cotidiana y demuestra que la fe también puede contarse desde la cercanía. —Bienvenida, hermana Verónica. ¿Hermana Vero, Verónica, cómo te digo? —Hermana Vero o Verito, así me dicen mis amigos. —Verito la estás rompiendo en El Gourmet , cocinando desde el convento. ¿Contenta con las repercusiones? —Feliz.
Lo que más me sorprende es que muchos dicen: “Mirá, una monja distinta”.
Y no, todas somos iguales.
Lo que pasa es que mucha gente nunca tuvo contacto con una religiosa y se quedó con un estereotipo. —¿Cómo fue tu infancia? —Muy feliz, mis padres eran muy amorosos y dedicados.
Nací en Belgrano R y vivía como cualquier chico de los 80: en la calle, andando en bicicleta, en la plaza y en el club, aunque mi hermano (dos años menor) estuvo enfermo desde los cuatro hasta los 15 años, y eso fue muy pesado para toda la familia. —¿Y había espacio para vos en una casa atravesada por la enfermedad de tu hermano? —Sí.
No al cien por ciento, porque todos sufríamos, pero con el tiempo entendí lo que habían vivido mis papás.
Aun así, tuve una infancia muy linda. —¿Eran católicos? —Estaba bautizada e hice la comunión porque quise, pero en casa no íbamos a misa.
Mi hermano también hizo catequesis porque nos encantaban los cantos, pero ahí terminó todo. —O sea que nunca imaginaste terminar siendo religiosa. —Al contrario.
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