El llanto en el estrado de la viuda de Federico Martín Aramburú: “Estoy en paz, pero el dolor sigue vivo”
PARÍS.– “Fede no era un héroe .
Era un hombre normal, sano.
Ninguna decisión judicial podrá devolvérmelo a mí, ni a sus hijos”, declaró este viernes María Aramburú , viuda de Federico Martín Aramburú, en la décima jornada del juicio por el asesinato del exrugbier argentino ante el Tribunal Criminal de París.
“Estoy en paz (...) Pero el dolor sigue vivo” , añadió, antes de evocar el trauma de sus tres hijos, que tenían 10, 8 y 2 años en el momento de los hechos.
Uno de ellos, el varón, “pasó de la teoría del dinosaurio que se comió a su papá al accidente de coche, para finalmente llegar al asesinato”, explicó, provocando una profunda emoción en la sala.
La jornada había comenzado con un tono mucho más frío, empleando el lenguaje técnico de la pericia psiquiátrica.
Un nuevo perito, convocado para dirimir las posturas enfrentadas del jueves, se inclinó, sin gran sorpresa, hacia la tesis de un auténtico trastorno de estrés postraumático en Loïk Le Priol , acercándose así más al diagnóstico del doctor Zagury que al ataque frontal de los doctores Teillet y Coutanceau.
Sin embargo, a su juicio, tres horas de entrevista no bastaron para que el acusado precisara qué fue lo que desencadenó su patología: el expediente menciona un choque ocurrido durante una operación en el extranjero, en África, donde Le Priol habría terminado con el cadáver de un niño en brazos.
El experto lo describió como un hombre que “se construyó una historia basada en una narrativa heroica”, tejida de “narcisismo, machismo y una actitud de sacrificio”, en eco con su última huida hacia Ucrania, supuestamente para retomar las armas tras la muerte de Martín Aramburú.
El perito plantea un posible “trauma ideal” —un deseo de poder transferido al compromiso identitario tras el fracaso de su carrera militar— y concluye que se trata más bien de “una fragilidad para gestionar su conciencia” que de un despertar real del síndrome en la terraza del Mabillon, donde probablemente “percibía un peligro inminente” .
En el banquillo, inclinado sobre unos papeles que garabatea febrilmente desde el primer día, Le Priol no levanta la vista.
No reacciona.
Tras ese interludio clínico, la audiencia cambió de tono por completo con la llegada de dos agentes de la prisión de Fleury-Mérogis, donde estuvo detenido Le Priol.
Lucas B., con las manos en la espalda y poco dado al lenguaje propio de los tribunales, fue desgranando un informe del que, según él, ya “no se acuerda muy bien”: Le Priol se habría jactado por teléfono de haber disparado , y de haber preferido “las últimas cuatro balas” que le habría metido “en las tripas” a su víctima.
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