La pregunta que cambió todo: una familia se animó a un negocio que no tenía en sus planes con la carne y hoy llega a Suiza, Dubái, Estados Unidos e Israel
La pandemia cambió muchas cosas, también dentro de una familia ganadera del norte entrerriano.
En 2020, mientras el mundo se detenía, los Castillo empezaron a pasar más tiempo juntos en el establecimiento San Pedrito, en San José de Feliciano, y se hicieron una pregunta que terminó cambiando el rumbo del negocio: ¿por qué vender los terneros al destete si podían recriarlos y terminarlos ellos mismos? Hasta entonces, la familia llevaba más de cuatro generaciones dedicada a la cría de ganado.
Pero aquel interrogante dio inicio a una transformación que difícilmente hubieran imaginado unos meses antes.
En abril de ese año hicieron su primera recría, poco después avanzaron hacia la terminación de los animales y, antes de que terminara 2020, dieron otro salto inesperado: comenzaron a exportar carne .
Un ambicioso programa que nació en Córdoba ya alcanzó más de 3 millones de hectáreas Así nació Abuelo Julio, un emprendimiento familiar que tomó las raíces ganaderas de los Castillo y las convirtió en un negocio integrado, con producción propia, genética, agricultura, faena, exportación, locales comerciales y operaciones en otros países.
Hoy la compañía trabaja con mercados como Estados Unidos, Israel y Europa y tiene además una operación propia en Colombia.
“Abuelo Julio es una historia de superación con una empresa que nació cuando decidimos potenciar el negocio familiar de más de cuatro generaciones de ganaderos de cría”, cuenta a LA NACION Sebastián Castillo, uno de los fundadores y actual presidente y CEO de la compañía.
Mariela Kasko, la mujer rebelde que pasó de la dirigencia rural a funcionaria: “Por más que tenga un cargo político, no perdí mis lealtades” El nombre es un homenaje a su abuelo Julio, ligado toda su vida a la ganadería y el negocio de la carne.
Sebastián, en cambio, había estudiado Economía y trabajado durante años en tecnología, hasta que la pandemia lo llevó a pasar más tiempo con su familia en el campo: “Con el aislamiento, empezamos a estar juntos en el campo y fue cuando decidimos integrar el ciclo ganadero”.
La primera decisión llegó con el destete.
Sebastián preguntó por qué debían vender los terneros y, al no encontrar una respuesta que lo convenciera, resolvieron recriarlos ellos mismos.
Para hacerlo compraron sus primeros cuatro silos de autoconsumo en La Pampa y comenzaron una etapa de aprendizaje.
Después apareció una nueva pregunta: si podían recriar, ¿por qué no terminar esos animales? Mientras todavía estaban aprendiendo ese proceso, apareció una oportunidad que volvió a ampliar el proyecto.
Un amigo vinculado a la exportación de carne le hizo una propuesta directa: “Ya que estás metido en el campo, ¿no tenés ganas de exportar carne?”.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación Economía.