¿Puede la economía llevarse puesta a la política?
“La economía se va a llevar puesta a la política”.
Luis Caputo lo dijo en mayo, al hablar de lo que espera que ocurra en la Argentina durante 2027, un año electoral que, según el ministro, será “absolutamente atípico”.
La frase merece ser tomada en serio.
Pero no como una certeza.
Como un desafío.
Porque la Argentina tiene una larga historia en sentido contrario.
Durante décadas, los años electorales fueron momentos en los que la incertidumbre política terminó impactando sobre la economía.
La posibilidad de un cambio de gobierno podía modificar las expectativas, afectar las decisiones de inversión, aumentar la demanda de dólares y generar movimientos que después terminaban pagando todos los argentinos.
Corridas cambiarias, subas de tasas, aceleración de precios, caída de la inversión, deterioro del crédito.
En fin: la política terminaba llevándose puesta a la economía.
Y cuando eso ocurre, la factura no la paga la política.
La paga la sociedad.
La paga el trabajador que pierde poder adquisitivo.
La paga el empresario que decide postergar una inversión.
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