Mostaza e insumos microbianos: dos estrategias biológicas que redefinen la salud del suelo en el NOA
La sostenibilidad de los sistemas agrícolas modernos atraviesa un cambio de paradigma impulsado por la ciencia nacional.
La necesidad de reducir la dependencia de fitosanitarios sintéticos y mitigar la degradación de los suelos ha llevado a los equipos de investigación a buscar respuestas en los propios procesos biológicos de la naturaleza.
En este escenario, tanto el empleo de cultivos de servicio biocontroladores como el desarrollo de bioinsumos microbianos con cepas autóctonas emergen como herramientas complementarias de alta eficacia dentro del manejo integrado de plagas y enfermedades.
Desde el noroeste argentino, experiencias multidisciplinarias llevadas a cabo por especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) demuestran que es posible el saneamiento de suelos, control de hongos y nematodos, e incremento de materia orgánica mediante biotecnología aplicada y manejo de biomasa.
Ensayo a campo con cultivo de servicio de mostaza.
Especialistas del INTA evalúan la biomasa producida para el control biológico de patógenos del suelo. (Foto: INTA).
Isotiocianatos y biosolarización en acción En el INTA Famaillá (Tucumán), la evaluación del potencial biofumigante de diversos cultivares de mostaza se posiciona como una alternativa concreta para esquemas hortícolas y extensivos.
La estrategia central radica en aprovechar la descomposición natural de la biomasa vegetal incorporada al suelo, etapa en la que se liberan isotiocianatos, compuestos orgánicos con reconocida toxicidad sobre nematodos, hongos fitopatógenos y malezas.
Leé también: Revelan el secreto molecular del maíz y el sorgo para resistir al cambio climático María de los Ángeles Quinteros , investigadora del INTA Famaillá, detalló que la técnica genera un ambiente adverso para los fitopatógenos sin resentir las propiedades físicas y biológicas de la matriz edáfica.
Tras los primeros ensayos positivos en tomate, la línea de trabajo se expandió a producciones de alto valor como la frutilla.
En este cultivo, la metodología integra la biomasa de la mostaza con un riego abundante y una cobertura de plástico transparente sobre la superficie.
Este procedimiento, conocido como biosolarización, combina el incremento térmico con los gases de fermentación biológica, potenciando la acción biofumigante y elevando la disponibilidad de nitrógeno en el perfil.
Leé también: El Gobierno destacó que las exportaciones de huevos y subproductos alcanzaron el mayor valor de la década El uso de mostaza se ensaya también en cultivos extensivos de granos de primavera-verano.
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