Después de Miami y Panamá, ¿existe una nueva alianza entre EEUU y Latinoamérica?
El 7 de marzo de 2026, en el complejo Doral de Donald Trump tuvo lugar la cumbre “Escudo de las Américas” con el objetivo de “establecer un marco de cooperación para combatir a los carteles del narcotráfico, controlar la migración irregular y coordinar inteligencia compartida”, a la cual llegaron una docena de líderes latinoamericanos, convocados por su afinidad política.
El 12 de agosto fue el secretario de Guerra Pete Hegseth quien se reunió con representantes de 19 gobiernos en Panamá, ya que, en esos mismos días, del 3 al 13, con el respaldo del Comando Sur del Pentágono se llevaban a cabo los ejercicios de protección del Canal, llamados PANAMAX 2026 .
Como continuación del anterior, en esta última oportunidad, el comunicado habló de “un foro de la Coalición de las Américas contra los Cárteles con el objetivo de unificar estrategias contra organizaciones criminales transnacionales”.
Ambos encuentros tuvieron un marcado enfoque geopolítico, reafirmando temas de interés para la administración Trump, enfatizando el deseo de contrarrestar la presencia de potencias extracontinentales, fundamentalmente China.
Fue notoria la ausencia de dos pesos pesados regionales como son México y Brasil, consecuencia de su orientación ideológica izquierdista, tanto por haberse autoexcluido como que se les hizo saber que no eran bienvenidos.
Sobre todo, las dos reuniones son una expresión del importantísimo documento que en noviembre había definido la estrategia internacional de EE.
UU.
Una primera lectura diría que por rara vez en este siglo XXI, la Casa Blanca ha estado tan alineada con un número sustancial de gobiernos latinoamericanos , que parecen estar gozando de un momento excepcional para la derecha, tendencia que ha encadenado un triunfo detrás de otro, con el abierto respaldo de la Casa Blanca y después de un periodo de predominio izquierdista, consecuencia de un notorio vuelco electoral y del fracaso de recetas progresistas, que podría fortalecerse aún más, si Lula es derrotado en octubre en Brasil.
Los comunicados posteriores a las dos reuniones se han caracterizado por su optimismo y un lenguaje que parece proclamar una “nueva etapa” en las relaciones de la región con EE.
UU.
Pareciera que somos testigos de la existencia en América Latina (AL) de una derecha diferente, que adscribe a postulados geopolíticos que han llevado a EE.
UU. a redefinir totalmente los acuerdos internacionales que habían predominado después de la segunda guerra mundial.
Como jefe del Pentágono, el discurso de Hegseth fue duro , ya que les habló que EE.
UU.
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