¿Hace mal caminar sobre el pasto durante el riego?
Mantener el césped sano no depende solo de cuánto se riega : también importa cómo se pisa, en qué momento se corta y de qué manera se evita el daño sobre un suelo húmedo.
Como explicó The Spruce , medio estadounidense especializado en hogar y estilo de vida , caminar sobre el pasto mojado durante el riego no suele representar un problema por sí mismo, aunque el tránsito repetido sobre una superficie saturada sí puede afectar su estado .
Qué pasa con el césped cuando el suelo está húmedo El problema no está tanto en la humedad de las hojas como en la presión ejercida sobre el suelo .
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que la compactación de la superficie reduce el espacio poroso por donde circulan el aire y el agua , una condición que limita el desarrollo de las raíces y altera el movimiento de la humedad en el perfil del terreno.
En un jardín doméstico, ese proceso puede traducirse en sectores más duros, menor infiltración y crecimiento desparejo del pasto.
En esa línea, la Universidad de Maryland, a través de su Home & Garden Information Center , señaló que caminar o pararse sobre el pasto mientras se mueve una manguera o un aspersor no constituye un inconveniente relevante.
La advertencia aparece cuando el uso del área se vuelve intenso, con paso reiterado de personas, juegos, vehículos o cortadoras sobre el terreno mojado.
El riesgo aumenta porque el suelo húmedo se compacta con más facilidad que el seco , una observación coincidente con principios técnicos difundidos por la FAO y otros organismos especializados en manejo de suelos.
Cuando esa compactación se instala, el césped encuentra menos oxígeno en la zona radicular y puede perder vigor.
Cuánta agua necesita el pasto La necesidad de riego no es igual todos los días , pero existe una referencia extendida para el mantenimiento del césped durante la temporada de crecimiento.
La Universidad de Maryland indica que la mayoría de los céspedes requieren alrededor de una pulgada de agua por semana, equivalente a 2,54 centímetros , sumando lluvia e irrigación.
Ese aporte semanal conviene distribuirlo de manera gradual para favorecer la absorción y reducir el escurrimiento superficial.
El mismo centro universitario recomienda dos sesiones de 30 minutos por semana como una pauta práctica para alcanzar esa meta en muchos jardines residenciales, aunque el volumen real depende del tipo de suelo, temperatura y capacidad del sistema de riego.
La Environmental Protection Agency (EPA) de Estados Unidos sostiene en sus guías de uso eficiente del agua que el riego profundo y menos frecuente suele resultar más favorable que las aplicaciones superficiales diarias, porque ayuda a que las raíces crezcan con mayor profundidad.
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