Dolores Redondo: "Los personajes que escribimos se hacen dueños de nuestra mente"
Carla P.
Gumbau Madrid, 21 oct (EFE).- Dolores Redondo regresa a las librerías, pero esta vez de forma distinta.
En 'Todas las noches, todas las ciudades', abandona el Baztán, Elizondo y ese entorno rural vasco que la ha caracterizado desde 'El guardián invisible', para ubicar la novela en Bilbao y en una misteriosa ciudad sin nombre.
Todas las noches, todas las ciudades' es una novela independiente que se enmarca dentro del universo literario 'Los Valles Tranquilos', al que también pertenecen los libros 'Esperando al diluvio' (2022) y 'Las que no duermen NASH' (2024).
En esta ocasión el lector se adentra en la vida de Benedict Newman, un gran escritor de éxito que, cuando es interrogado por la policía después de que se hayan cometido asesinatos con el mismo modus operandi que aparece en su última novela, sufre un colapso y al despertar ya no es el mismo, sino que habla y actúa como el protagonista de sus libros, el detective Colt Star, que lucha contra el crimen en las noches de una "ciudad" que no tiene nombre en la novela.
La psicóloga forense Nash Elizondo interviene en este caso tras descubrir que es la hija de Newman y la responsable de tomar las decisiones al respecto de su salud.
A partir de este momento, Nash se encargará no solo de descubrir quién está cometiendo los asesinatos, sino también, la verdad acerca de su padre.
Redondo tuvo el germen de esta historia cuando ella misma sufrió un episodio similar al que vive en esta novela su protagonista.
Como cuenta en este mismo libro, una vez caminando por Elizondo, el lugar en el que se crió la protagonista de su trilogía del Baztán, Amaia Salazar, Redondo tuvo un recuerdo sobre su infancia que realmente no era suyo, sino de la historia que había creado para Amaia.
"Cualquier escritor que se documente para crear a alguien está aprendiendo cosas que no son para él, sino para su personaje, lo alimentas a él, al inquilino que se encuentra en tu cabeza.
Así los personajes de los que escribimos empiezan a hacerse dueños de nuestra mente", cuenta la escritora.
Después de aquel episodio hace cinco años, la curiosidad de Redondo ante estos sucesos continuó creciendo, hasta que descubrió que le había ocurrido a más personas, desde actores con demencia -como Bela Lugosi que llegó a creerse el conde Drácula- o escritores que confesaban tener "varias cabezas" como Miguel Delibes.
"Al escribir convocamos a nuestros espectros, a nuestros fantasmas, escribimos sobre lo que tememos, sobre demonios del pasado, dudas del futuro", reflexiona.
Sin embargo, el episodio de Newman va mucho más allá de una sencilla disociación mental momentánea o un efecto de la demencia, sino que se encuentra muy de la mano del trastorno de identidad disociativo.
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