El precio volvió a importar
Durante años, en la Argentina nos acostumbramos a no saber realmente cuánto valían las cosas .
Podías entrar a dos negocios separados por pocas cuadras y encontrar exactamente el mismo producto con una diferencia enorme de precio.
Comprar algo un lunes y descubrir que el viernes costaba mucho más.
Ver promociones permanentes, descuentos del 30, 40 o 50% que hacían imposible saber cuál era el precio verdadero.
De alguna manera, dejamos de preguntarnos cuánto valía algo y empezamos a preguntarnos cuánto costaba hoy .
La inflación permanente, la dificultad para reponer mercadería, los cambios del dólar y la incertidumbre hicieron que el precio dejara de funcionar como una referencia .
Para muchos negocios, fijarlo era casi una apuesta sobre lo que podía pasar después.
Como nadie sabía demasiado bien cuánto iba a costar reponer un producto la semana siguiente, los precios empezaron a incorporar esa incertidumbre.
Se cubrían de una posible suba del dólar, de un aumento del proveedor o simplemente del miedo a quedarse atrás.
Y así, muchas veces, terminábamos pagando hoy aumentos que todavía no habían ocurrido .
Y como todos hacían más o menos lo mismo, el consumidor terminó acostumbrándose.
Eso está empezando a cambiar.
Hoy comparar vuelve a tener sentido .
Aparecen más alternativas, ingresan productos del exterior, llegan nuevas marcas y el consumidor empieza a hacerse preguntas bastante simples. ¿Por qué un jean de una marca argentina, fabricado en Argentina, puede costar más de dos veces y media lo que cuesta uno de una marca que viene de España? Durante mucho tiempo el precio soportó casi todo Con valores que cambiaban todo el tiempo, muchas diferencias dejaban de llamar la atención y terminábamos aceptándolas como parte de la realidad argentina.
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