Hígado graso, las claves alimentarias para cuidar la salud del órgano y evitar la esteatosis hepática
La reducción sostenida de peso , una alimentación con más fibra y el control del alcohol y de los alimentos ultra procesados forman parte de las medidas que pueden acompañar el tratamiento del hígado graso , también llamado esteatosis hepática.
La nutricionista Eslovenia Ulloa señaló que el abordaje debe ser individual y con seguimiento médico, porque la acumulación de grasa en el órgano puede avanzar sin síntomas evidentes.
La enfermedad se caracteriza por el depósito excesivo de grasa en el hígado.
En algunos casos, ese proceso se asocia con inflamación y daño de las células hepáticas.
El riesgo aumenta con el sobrepeso, la obesidad, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2, los triglicéridos altos y ciertos hábitos alimentarios.
Ulloa indicó que el aumento del perímetro abdominal, la pesadez posterior a las comidas y la distensión pueden llevar a una consulta, aunque no son signos exclusivos de este cuadro.
Las guías clínicas advierten que muchas personas con esteatosis hepática no presentan manifestaciones o solo sienten cansancio o molestias en la parte superior derecha del abdomen.
Bajar más del 10% del peso puede mejorar la inflamación hepática La pérdida de peso ocupa un lugar central en el cuidado de las personas con hígado graso relacionado con alteraciones metabólicas.
Según explicó la nutricionista, una disminución cercana al 10% del peso corporal puede contribuir a reducir la inflamación del hígado, siempre que se alcance de forma gradual y bajo orientación profesional.
La evidencia disponible indica que una reducción de entre 3% y 5% del peso puede mejorar la acumulación de grasa en el órgano.
Para actuar sobre la inflamación y la fibrosis, que es la formación de cicatrices en el tejido hepático, suele ser necesaria una baja mayor.
La meta, sin embargo, depende de cada paciente, de sus análisis, sus antecedentes y la presencia de enfermedades asociadas.
El aspecto físico tampoco permite descartar el problema.
Uyoa remarcó que una persona puede no tener obesidad visible y, aun así, presentar grasa acumulada alrededor de los órganos.
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