Alain Badiou, filósofo francés: “Nunca hay una verdadera amistad entre alguien que domina y alguien que es dominado”
En los discursos políticos contemporáneos y en las campañas de marketing de los organismos internacionales abunda una palabra bienintencionada: fraternidad.
Se nos invita constantemente a tolerar al otro, a tildar de “amigos” a usuarios anónimos en redes sociales y a creer en una pacificación global abstracta.
Sin embargo, frente a esa cordialidad cosmética que esconde las asimetrías de nuestra era, el pensamiento crítico actúa como un bisturí.
Aquí es donde aparece el filósofo francés Alain Badiou .
El intelectual nacido en Rabat en 19378 (por entonces Protectorado francés de Marruecos) dejó en una emblemática intervención una máxima que congela cualquier intento de cinismo institucional: “Nunca hay una verdadera amistad entre alguien que domina y alguien que es dominado”.
Esta frase, que hoy recobra una vigencia urgente en un mundo fracturado por nuevas guerras y brechas económicas insalvables, no nació en la frialdad de un tratado académico, sino al calor de un debate en el cono sur.
Para rastrear la genealogía exacta de esta declaración hay que viajar en el tiempo hasta julio de 2004.
Badiou llegó a Buenos Aires en un viaje bisagra donde dictó conferencias y dialogó con la militancia local en una Argentina que todavía procesaba las cicatrices políticas y sociales del colapso del 2001.
En ese marco, concedió una recordada y extensa entrevista al diario Clarín , publicada en su suplemento Zona , que luego sería reproducida y analizada en revistas académicas como Reflexiones Marginales .
Cuando el cronista lo interrogó sobre la posibilidad de una paz duradera entre las naciones ricas de Occidente y los países periféricos azotados por la miseria, Badiou desarmó la trampa del lenguaje diplomático.
Explicó que los centros de poder mundial hablan de “ayuda humanitaria” pero no están dispuestos a sacrificar sus privilegios coloniales y financieros.
Es allí donde disparó su tesis: la amistad y la confianza exigen la reciprocidad absoluta, pero no como simulacro condescendiente.
Aunque la frase se pronunció en el registro de una entrevista, sintetiza el núcleo duro de todo el edificio conceptual que Badiou desplegó en obras monumentales como El ser y el acontecimiento (1988) y Lógicas de los mundos (2006).
A diferencia de las corrientes políticas tradicionales que ven a la igualdad como un ideal lejano, una utopía a la que se llegará al final de un largo proceso, para Badiou la igualdad es un axioma de partida.
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