Bienvenidos a esta nuestra narcomunidad
La fiscal jefe antidroga de la Audiencia Nacional, Rosa Ana Morán, no duda de que el narcotráfico es ya un problema «estructural» en Andalucía.
Estructural es una palabra sedante, por sobreuso, que no está a la altura de su magnitud semántica.
La fiscal ha venido a confirmar que el narcotráfico se ha cronificado y se ha arraigado de forma profunda y permanente en las bases de nuestro sistema social, económico y político.
Dicho así sí que preocupa.
Tanto como que una asociación haya localizado en un día dos mil petacas flotando entre Gelves y Sanlúcar mientras limpiaba el río.
Sin embargo, es algo que ya no nos sorprende.
Y ese es el síntoma más definitivo de que nos hemos acostumbrado a que la droga y su mafia habiten entre nosotros y, por tanto, no exista inquietud por la lucha y sí una peligrosa inercia hacia el derrotismo colectivo.
En la entrevista a Canal Sur, Rosa Ana Morán va más allá y tras lamentar la falta de información oficial sobre los motivos que llevaron a desmantelar el eficaz dispositivo antidroga del OCON-Sur, anima a la sociedad andaluza a movilizarse como hicieron en los 90 las madres gallegas contra los capos locales, cuando también allí era un problema estructural pero no se usaba esa palabra.
Hay mucha diferencia entre aquella realidad de los capos locales que fueron delatados y la mancha del negocio que como aceite se expande y pringa ahora a Andalucía.
Como recuerda el último informe de la Fiscalía, las mafias que aquí operan han pasado del tráfico del hachís a la cocaína, proceden de narcoestados y poseen un poder económico a la altura de su armamento de guerra, desde AK-47 a lanzamisiles.
Han colonizado los barrios de la miseria de pueblos y ciudades con su falsa redención de plata cargada de plomo, atrayendo a los jóvenes que ven en los petaítos de gimnasio sin oficio ni beneficio, que pasean a un par de perros (potencialmente) peligrosos y conducen 'pepinos', a sus nuevos héroes, mesías de barrios sin esperanzas que les harán 'empresarios' sin más empresa que servir a la organización.
Si la sangre sobre la acera del chico de 16 años, víctima sin relación con la balacera de Isla Cristina, no movilizó a nadie, es que hemos dado por perdida la batalla.
La movilización que pide este problema es denunciar sin descanso la pasividad de un Gobierno que ha hecho de la impunidad una seña de identidad de España.
Un Gobierno que desmanteló el grupo policial más activo contra el narco cuando indagaba el rastro del dinero de las mafias.
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